LA LUNA DEL LIBERTADOR

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Meditación Facilitada por Temple Inanna – Escuela Cosmosóphica

Aula Alpha


Meditación de Luna Llena

LA LUNA DEL LIBERTADOR

Introducción
Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta activa Luna Llena que transita el signo de Aries, mientras el astro Sol se encuentra en el signo de Libra. Debido a la gran energía ariana y a su relación con el elemento fuego, estamos ante una fuerza que necesita desahogar todo su potencial y ponerse en marcha para dirigirse a su propósito, sin más tardanza. Ese flujo imparable de iniciativa, es gratamente dosificado por su opuesto, el diplomático Libra, cuya función crucial será aprender a encajar el poder ariano y no dejar que ello lo desestabilice.
En esta Luna Llena, nos encontramos ante una poderosa situación de convivencia, en la que será importante lidiar con nuestra personalidad, para que exprese la libertad del Ser y sus cualidades, sin que ello signifique precipitarse en un debacle que lo conduzca a una guerra interminable, de eso se encargará Libra, que nos dirá: Adelante, con precaución!!! A lo que Aries responderá: Vamos, sígueme, conozco el camino!!! y sin dar tiempo a más, se pondrá en marcha y Libra confiará en él.
Le hemos llamado la Luna del Libertador, por ser la energía que tiene la capacidad de romper con los límites y arriesgarse a ir más allá de lo conocido, ofreciéndonos la libertad de poder explorar el mundo y convertirnos en un abanderado de esa búsqueda que alguien tiene que iniciar.
Con la energía del guerrero y su fuerza de voluntad, vamos a por la libertad…

Bienvenidos a la Luna del Libertador!!!

(pausa)

Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire otoñal penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

El día ha sido difícil, después de mucho trabajo, no todo ha salido como deseábamos. Los esfuerzos no han sido en vano, aún así nos sentimos cansados, con ganas de tener un sueño reparador. Nuestro entorno nos limita con sus miedos, miedos que no son suficientes como para quedarnos quietos. En la chimenea arde un fuego hecho con leña recién cortada, que despide un aroma de resinas, que nos evoca los días de nuestra infancia. Recordamos a nuestro niño interior, a sus grandes dotes para la diversión, lo evocamos lleno de alegría, de ganas de vivir la vida, jugando con otros niños, siendo ese niño que creció en nuestro interior.
De repente una desazón nos invade, advertimos que hoy el niño no está tan alegre, se siente invadido por las responsabilidades y no sabe cómo recuperar aquella energía que lo hacía sentir saludable.
Ciertos problemas acuden a nuestra mente, la llama del fuego de la chimenea, se aviva igual que lo hace nuestra llama interna. Nos sentimos abrumados, enfadados y algo apagados. Sentimos preocupación, pero a un tiempo sabemos que tenemos las herramientas para no caer en esa lucha interior.
Nuestra solución ahora mismo, es despertar al guerrero interior, ese que sabemos que llevamos dentro y que cuando nos atrapan los impedimentos, él encuentra la solución.
Con las manos puestas en nuestro abdomen, nos permitimos sentir el torbellino de emociones. Contactamos con nuestra oscuridad, para poder sublimarla sin juzgar. Nos quedamos conectados, sabiendo que es necesario cruzar por la tormenta interior.

(pausa)

Es noche cerrada, el cielo está oculto por unas densas nubes, parece que va a estallar, se avecina tormenta. Observamos como de repente la estancia en la que nos encontramos se ilumina por la invasión de un potente destello que acto seguido ruge, emitiendo un trueno que provoca la huida de algunos animales asustados. Escuchamos relinchar los caballos, mientras una fuerte racha de rayos y truenos desencadena en una lluvia torrencial. Confiamos en que los animales salvajes encontrarán resguardo y sin dudarlo, comprobamos que nuestras mascotas y nuestros caballos, están bien.
El agua torrencial, está inundando la entrada. Intuimos que la noche será larga, pues aunque toda esa lluvia sea necesaria para los campos y para llenar los pozos, también puede acabar haciendo destrozos.
Hacía mucho que se esperaban lluvias, el largo verano y el calor estival habían hecho mella en los prados, huertos y jardines. Le damos la bienvenida a la lluvia, celebramos la tormenta y agradecemos que con ello todos nos podamos beneficiar.
Nos acercamos a un ventanal y nos quedamos observando la lluvia, mientras el cielo sigue iluminándose de relámpagos y gritando sin que nada ni nadie pueda pararlo.
Permanecemos serenos ante la tormenta, aún sabiendo que a su fin, tendremos trabajo.

(pausa)

Está amaneciendo y hace mucho frío, la humedad incrementa la sensación, nos abrigamos y calzados para poder caminar sobre los charcos, salimos al exterior. Nos dirigimos al río que se encuentra a unas decenas de metros del camino. Damos un paseo, mientras observamos como el agua se desliza por la superficie de las hojas y desde lo más alto, todavía caen gotas que van mojando lo más bajo. Algunas aves comienzan a salir y a revolotear por entre las ramas. Se escucha el piular de algún gorrión y como el sonido del descender del agua, nos confirma que el caudal del río ha aumentado considerablemente. Nos estamos acercando a la orilla, constatamos como el agua baja rápida, sorteando las rocas del camino, torneándose para que éstas no le impidan el paso. Observamos esa facilidad del agua para fluir en el camino, para no detenerse ante los obstáculos, para seguir su dirección. Escuchamos atentamente el mensaje del río, observamos como las piedras forman parte del cauce, pero nada más.
Evocamos los obstáculos que creemos que nos entorpecen el camino, los reconocemos, los proyectamos en esas rocas y haciendo este gesto, nos damos cuenta de que no son tan poderosos como para detenernos. Miramos el agua fluyendo, corriendo, deslizándose, adecuándose al cauce, sin impedimentos, proyectamos nuestras emociones en el afluente, y sentimos como lo estancado, coge ritmo, como las emociones se mimetizan con el elemento agua, y como desde ese poder, se desatascan y fluyen, sin controlar, sin desconfiar, sin siquiera saber donde acabarán.
Sentimos como somos el cauce del río a un tiempo su caudal.

(pausa)

Alguien grita nuestro nombre, nos giramos, buscamos entre los aledaños de la orilla en la que nos encontramos. No somos capaces de ver a nadie. Vuelven a llamarnos de forma insistente, un enorme tejón se cruza ante nosotros, nos mira y aprieta a correr en una dirección, parece que nos invita a seguirle, corremos tras él. Vamos paralelos al río, el fluir de las aguas está haciendo su efecto, sentimos la dirección del camino, sentimos la liberación. De repente el tejón llega a un puente, siquiera se lo piensa, no se detiene, nosotros tampoco. Cruzamos por el puente a la otra orilla. Es un puente muy antiguo, hecho de piedra, con un paso de adoquines que sostienen el rastro de millones de transeúntes. Sentimos la apertura de miras que nuestra mente está haciendo, para salir de la oscuridad en la que se había atascado. El puente nos lleva a algún lugar, lo sabemos, sabemos que estamos a un paso de conocer algo que desconocemos. Nos atrevemos, somos grandes guerreros, de los que se aventuran a descubrir lo que no puede saberse si no te arriesgas.
Otra vez alguien nos llama por nuestro nombre, por fin lo encontramos, damos con él, con nuestro niño interior. Nos mira de frente, nos sonríe, corre a nuestro encuentro. Nos agachamos, nos abrazamos, nos fundimos el uno en el otro, para sentir de nuevo, nuestra verdadera motivación.
Nos conectamos con la energía que clamaba a gritos regeneración, nos fusionamos cuerpo con cuerpo, dejando de ser dos, para unirnos de corazón.
Sentimos la fuerza del niño interior, su disposición, su clara intención, con él no hay más perturbaciones externas que nos encadenen o nos impidan ser quienes somos, o hacer lo que deseamos, o emprender lo que nos ilusiona. El niño interior nos da el equilibrio y la alegría. Y ese gran guerrero que llevamos dentro, se convierte en la antorcha que guía a quienes quieren vivir en libertad y alegría.
Unidos al niño interno, caminamos, mientras el tejón lo hace a nuestro lado.

(pausa)

De regreso a casa, nos sentimos preparados para dejar por escrito lo que hemos vivido, así, sin más cogemos papel y lápiz y escribimos un hermoso relato, que siempre será necesario recordar. El relato dice así:
Un buen día, tras elevarse el sol, percibí que Yo era todo lo posible. Ese día me asusté, tan asustado estaba que tuve que ponerme unos límites. Tomé un palo, caminé un trecho, hasta que me entró el pánico y consideré que aquel espacio era suficiente para vivir. Con el palo tracé un perímetro perfecto, exacto, era circular, sin obviar el centro, era mi forma de expresar, que yo solamente podía ocupar aquel trecho.
Me instalé cómodamente, me moví sin sobrepasar los límites. Construí mi casa, mi familia, trabajé duro, aprendí a convivir y haciéndolo supe que todo precisaba un límite. Así cada día, límite tras límite crecí, crecimos, avanzamos, nos sentimos seguros, si enfermábamos, nos curábamos, hasta que una grave enfermedad asoló nuestro pueblo. Nos sentimos desesperados, asustados, podíamos morir todos. Lloré, caminé desesperado hasta el límite que un día yo mismo marqué.

-         ¿Y si más allá de allí existiera algo que salvara mi pueblo? – me pregunté.

Organicé un equipo. Les hablé de mis inquietudes interiores, de mis propias limitaciones, y de que era desconocido para todos, lo que se hallaba más allá del perímetro de nuestro pueblo. Decidimos armarnos. Jugarnos la vida. Arriesgarnos. Salir en busca de lo que nos devolviera la vida. Muertos ya estábamos, pero sólo unos cuantos querían hacerlo.
Los más aterrados, gritaban que se tenían que asesinar a todos los enfermos, para que no hubieran más contagios, algo a lo que la mayoría se negó.
Otros tantos dijeron que lo mejor era ponerse en manos de Dios y que si teníamos que morir, lo hiciéramos todos juntos. Otros tantos, no hacían caso, no creían en la gravedad de la situación, preferían seguir viviendo ajenos a cualquier decisión, lo dejaron en manos de los que ganaran, sin cuestionarse si era lo correcto o no. Yo me sentía muy responsable.
Sabía que había sido yo que de acuerdo a mis miedos, había trazado con un palo los límites de mi mundo. Ahora tenía que romperlo, tenía que derribar lo que se había convertido en un muro y cruzar.
Un buen día, tras elevarse el sol, percibí que Yo era todo lo posible. Ese día, ya no me asusté, recordé cuando la primera vez, el miedo me encarceló en un círculo muy pequeño.
Tomé el palo y con todas mis fuerzas derrumbé la muralla que me mantenía preso.
Por vez primera, vi con mis propios ojos lo que se hallaba más allá de los límites. Lloré. Esta vez de amor. Libre. Busqué en el bosque un remedio para mi pueblo. Una anciana, quien me hizo saber que me estaba esperando, me entregó un brebaje. Se lo agradecí. Me sonrió y me dijo:

-         Ves, llévalo. Explícalo. Algunos te creerán y otros no. Pero sea como sea no te olvides que donde están hoy ellos, también estuviste tú. Dales tiempo.


Cogemos el texto y lo guardamos en nuestro hermoso baúl, ahí tenemos la respuesta a nuestra liberación, para ponerla en marcha cada vez que aparezca la limitación.
Volvemos a mirar por la ventana, el cielo está despejado de nubes, el sol brilla iluminando cada rincón. Respiramos profundamente el nuevo día y con alegría y esta dosis de sabiduría interior, nos quedamos relajados, sonriendo, animados y seguros del siguiente paso.

(pausa)

Poco a poco, es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com

MEDITACIÓN DE MABÓN - EQUINOCCIO DE OTOÑO


Meditación Facilitada por Temple Inanna – Escuela Cosmosóphica

Aula Alpha


Meditación de Bienvenida al Otoño

MABON


Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en Mabon, el Otoño. Dejamos atrás el tiempo de estar enfocados hacia fuera e iniciamos la introspección. Toca hacer revisión de todo este tiempo atrás, de todos los logros, satisfacciones, celebraciones y unión con nuestros familiares y amigos. Es momento de sentir la alegría de los acontecimientos vividos, la aceptación de los sucesos acaecidos, la sonrisa por los instantes de felicidad compartidos. Toca valorar todo lo que tenemos, sentir la abundancia de la Madre Tierra por todo aquello que nos entrega, agradecer cada momento para sentir la satisfacción de estar vivos y sabernos amados por la vida y en concreto por este hermoso planeta, quien nos lo da todo.
La luz del cielo se equilibra durante Mabon, las horas de día y las horas de noche son las mismas, El y Ella se sienten unidos más que nunca. El atardecer se convierte en el instante de mayor energía durante Mabon y por ello, es el momento de dar largos paseos por la naturaleza a esas horas del día, conectarnos con esa luz que nos invita a la interiorización. Mabon es ideal para la meditación. Entre Mabon y Yule tenemos tiempo suficiente para hacer una profunda revisión de nuestro ser interior, de identificar lo que queremos y de desechar lo que ya no. Tendremos tiempo de reflexionar para tener claro que vamos a vivir aquello que elijamos y que sea lo que sea, será lo que teníamos que vivir, por ello confiamos, nos entregamos a los pasos hacia los que nos va a conducir nuestro corazón, sin ofrecer resistencias, sino sabiendo que aquello es lo mejor y que no existe el error, solamente el aprendizaje.
Mabon va a calar fuerte en nuestra alma, para que la sempiterna alba de la mañana, deje paso a la penumbra inquietante que nos brinda el atardecer.
Sintamos la vida más intensa que nunca antes, sintamos profundamente, dejemos de caminar de puntillas, sumergiéndonos en la maravilla de la intensidad de las noches y los días. No hay tiempo que perder. Profundicemos…

Bienvenidos a Mabon!!!

(pausa)

Comenzamos…

Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire otoñal penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Aprovechamos la todavía cálida luz del atardecer para adentrarnos, una vez más en el camino que nos conduce directamente a las entrañas del Bosque. Paseemos, disfrutando del hermoso entorno y de esa luz de otoño, observando los tonos tostados del cuadro que pinta la naturaleza en esta estación. Los ocres, dominan sobre el resto, pero también hay anaranjados y rojizos que nos conectan con el elemento fuego. Escuchamos los crujidos de las hojas secas bajo nuestros pasos. Pasos que damos sin dejar de sentir el flujo vibrante de energía que emana de la misma tierra. Respiramos profundamente el aire limpio y fresco de este atardecer y mientras lo hacemos, descubrimos como fluye el agua de un riachuelo cercano, hacia donde dirigiremos nuestros pasos.
Llegamos al riachuelo, su lecho de piedras, llama nuestra atención, nos quedamos observando cómo fluye lentamente un pequeño caudal de aguas cristalinas y como el lecho de piedras sirve a algunas especies para esconderse. Nos sorprendemos al ver un grupo de peces que asciende haciendo un esfuerzo contra la corriente y como unos cangrejos de río, aparecen y desaparecen entre las pequeñas rocas.
Decidimos refrescarnos con el agua del riachuelo, metiendo nuestras manos y llevando el agua fresca a nuestro rostro, mientras vemos nuestra silueta reflejada en el agua en movimiento.
Nos quedamos mirándonos, observando el reflejo, sintiéndonos parte integrante de ese entorno maravilloso, tomando consciencia de que también podemos integrarnos en ese cuadro de la naturaleza. Respiramos profundamente, mientras realizamos el ejercicio de fundirnos con el Bosque.

(pausa)

Continuamos paseando y adentrándonos en este paraje en el que ahora nos sentimos una habitante más de entre todas las formas de vida que conviven. De repente, nos encontramos en medio de un inabarcable espacio de árboles de alta copa y fuerte tronco, son Cedros. Corremos entre sus troncos, mientras los tocamos y nos abrazamos, sintiendo como la oscuridad del anochecer va penetrando en el Bosque y como las copas de los Cedros nos hacen de techo. Sentimos que estamos en nuestra casa y que no tenemos nada que temer. El Bosque de Cedros y su luz intangible nos da paz y serenidad. Si nos fijamos, podemos escuchar a lo lejos a una manada de lobos que aúllan en dirección al plenilunio y como algunas aves, todavía revolotean de rama en rama.
Un Cedro llama nuestra atención, parece que quiere que nos acerquemos a él. Nos dirigimos hacia su tronco y conforme lo hacemos, nos damos cuenta que podemos comunicarnos, sentimos la necesidad de hacerlo, es una conversación interior, entre el árbol y nosotros. Hablamos con el Cedro, sentimos ganas de abrazar su tronco, lo hacemos. Abrazamos el poderoso tronco y en silencio nos permitimos conectarnos con el árbol y con su espíritu milenario.

(pausa)

Conectados al Cedro, podemos sentir no sólo su tronco, sino también la magnitud de su copa, su altura, su conexión al Cielo y como la brisa del anochecer mece las ramas, añadiendo una energía que nos comunica con toda la conífera. Sentimos la copa pero el Cedro quiere enseñarnos algo más, para ello nos pide que bajemos por su tronco y penetremos en la tierra a través de sus profundas raíces. Lo hacemos, comenzamos a descender, sintiendo que cruzamos la frontera entre el aire y la tierra. Nos sentimos bajo el manto de tierra en el que las raíces del Cedro se sustentan. Son raíces fuertes, que a su vez se subdividen abarcando una extensa superficie bajo tierra. Sentimos profundamente el poder de esas raíces. Sentimos como el árbol se alimenta de la poderosa energía de la Madre Tierra y de cómo alineado con la Naturaleza, se hace fuerte y resistente. Nos sentimos el Cedro, podemos recorrer su cuerpo y saber que cada una de sus partes son elementos que representan un todo.
El Cedro nos pide que sintamos como él y que nos hagamos conscientes de cómo están conectadas sus energías, es entonces cuando advertimos que estamos sintiendo algo muy extraño. Es una fuente de vida que comunica a todos los árboles entre ellos. Nos permitimos fundirnos en esa red cristalina subterránea, que se expande de árbol en árbol, recorriendo y uniendo todo el mundo vegetal.
Nos conectamos a la red y para nuestra sorpresa, nos sentimos impelidos por su fuerza, lo curioso es que parece que nos expandamos de tal modo, que no existe el final en ese plano bajo tierra. Sentimos recorrer extensiones inmensas en las entrañas de la tierra. Como esa fuerza telúrica puede cruzar bosques y fronteras y unirse a otros bosques de otros territorios y así rodear todo, todo el planeta.
Nos sentimos gratamente sorprendidos, acabamos de experimentar como las raíces del Reino Vegetal están totalmente unidas y comunicadas en toda su dimensionalidad. Es como si existiera una esfera planetaria más pequeña, que habita dentro de la corteza. Sentimos el flujo vital de la Naturaleza, sentimos el alimento de la Madre Tierra, sentimos su manto, ese halo espectacular, sentimos que en esa unión, no existe el sentimiento de separación y que desde ese lugar, podemos por vez primera, sentir que el planeta está unido, aunque sea bajo tierra y que eso nada ni nadie lo puede destruir.

(pausa)

Sorprendentemente el Cedro al que nos abrazamos, nos muestra como aunque su posición geográfica sea esa, es un miembro del planeta, pues la unión que crean a través de sus raíces, es todo un sistema que no conoce otra forma de existencia. Así, ahora sabemos que los árboles hablan entre ellos y que cuando en algún punto del planeta se produce una herida por el incendio de un Bosque o por la tala indiscriminada de colonias de árboles, el resto de entidades, refuerzan ese vacío a través de la red cristalina. El Cedro nos explica que ellos regeneran la tierra herida, para que en su momento ahí pueda brotar una nueva semilla. Sentimos la maravilla de la Naturaleza y como a partir de ahora, sintiéndonos habitantes del Bosque, también vamos a colaborar en alimentar esos vacios que el hombre ignorante, pueda provocar.
Abrazados al Cedro, continuamos el viaje subterráneo, permitiéndonos sentirnos comunicados con toda la esfera planetaria. Así, podemos ser testigos de las maravillas que hay bajo tierra, observamos como existen grandes venas de agua que se filtran entre rocas, pequeñas fuentes que alimentan oquedades muy profundas, así como oscuras cuevas que nunca fueron descubiertas y que nadie sabe qué puede haber en ellas.
Sentimos la maravilla del mundo subterráneo, sentimos la unión planetaria que nos demanda la Madre Tierra, sentimos su corazón, sus enseñanzas, sentimos todo su amor.

(pausa)

El Bosque de Cedros nos indica que sigamos el sonido que se percibe a lo lejos. Lo hacemos. Caminamos hacia las mismas entrañas del Bosque, donde de repente damos con un claro en el que arde un fuego. A su alrededor multitud de seres bailan la canción de la Madre Tierra, suenan los tambores. Nos unimos al grupo y bailamos a nuestro modo, no hay límites, podemos expresarnos como nuestro cuerpo desee. Bailamos al ritmo de los tambores, aprovechando para alinearnos con el flujo de la Madre Tierra, sentimos la armonía de nuestro chakra raíz, como se nutre en absoluta sinergia con la tierra, sintiendo el amoroso sustento de ella, donde no hay ni puede haber carencia.
Sentimos como se gesta la Semilla de la conciencia, de la que surge el Árbol de la Vida que une a todo el planeta. Sentimos como emana ese árbol ancestral que en sus ramas sostiene a toda la humanidad. Sentimos su poder y nos unimos a sus raíces, para recorrer todo su ser.
Nos sentimos parte del Árbol de la Vida y de su Ser.

(pausa)

Se hace un silencio, todos los presentes tomamos asiento alrededor del fuego. Una Anciana toma la palabra, es la Abuela Esperanza, nos quedamos escuchando en silencio y conectados, permitiendo que el Espíritu del Bosque se persone a través de las llamas. La Abuela nos lee un antiquísimo texto que transcurre en el tiempo de abuelos a nietos, dice así:

En el Árbol de la Vida albergo todo lo que fui, soy y seré, en ese Árbol expresé todo mi Ser. Mis raíces fueron mi sustento, por ellas me alimenté de ese bello elemento, la misma tierra que nunca antes pisé. Mi tronco, erecto, vertical, apuntando directo al Cielo, sustentaba la dirección de mi origen, garantizando que nunca me olvide de que estoy en más lugares, aunque a veces no pueda verlos o encontrarlos.
Decidí abrazar ese Cielo y para ello de mi tronco brotaron cientos de ramas, en todas las direcciones, libres para que mi savia, recorriera todos los caminos  que con mis brazos dibujé. No siendo suficiente, pues algunos caminos me ahogaron, sentía que me faltaba el aire, decidí dividirme en multitud de hojas, para que me ayudaran con mis emociones, las hojas fueron grandes fuerzas que me dieron más vida para crear esa copa que me daría forma.
El tiempo hacía mella en mí, tras las hojas decidí embellecerme para dar alegría a mi andadura y para ello florecí. Hice brotar en esa copa miles de flores de colores, conforme me sentía agradecido por todo el camino. Así en flor me mantuve, digno, bello, respirando, disfrutando del fuego que desde el Cielo me animaba a continuar creándome. Nunca pude verme, no puedo decir qué forma tengo, ni a qué huelo, ni que colores emito, ni nada parecido, pues yo sólo me encuentro por dentro. Eres tú quien cuando me descubres, provocas tal estallido que mis flores se convierten en frutos, frutos que alimentarán a quienes los cojan. Mis frutos, guardan un secreto, mis frutos contienen semillas, son semillas que me contienen a mí mismo, para que cuando alguien me quiera ver, pueda comer del fruto y ver germinar la semilla, en su Ser.
Soy el Árbol de la Vida, he dejado caer una hoja para ti. Es para que sepas que sin esa hoja no estoy completo, pues formas parte de mí y de mi copa. Aunque la hoja ya haya concluido su ciclo, se haya secado, y haya decidido desprenderse de su rama, sigue existiendo. Cuando recojas la hoja, acuérdate de que nuestro corazón es el mismo y que latiendo al unísono pronto nos volveremos a ver, pues ni la hoja ha muerto, ni yo tampoco.
Sé el Árbol y sabrás que siempre estamos juntos. Sé la hoja y respira profundamente. Sé la flor y permítete ser belleza. Sé el fruto y aprende siendo creador. Sé la semilla y comienza cada día. Sé la copa y sabrás que tienes forma. Sé la savia y fluye por los manantiales de las aguas que riegan esa tierra en la que creces, para que el éter disponga de todos los materiales que precises y te los entregue, cada vez que el Árbol perezca y con una nueva semilla desees volver a empezar.

Tal y como nos dice el ancestral texto, sentimos que tenemos las herramientas para fluir en los flujos planetarios y sentir la riqueza de este Reino y todos sus planos. Sentimos la grandeza de la vida que se nos entrega y así agradecidos, decididos regresar. Cogemos el camino de vuelta. Paseamos por el Bosque de Cedros, nos despedimos del árbol que elegimos abrazar.
Llevamos con nosotros las Semilla del Árbol de la Vida, ahora solamente nos queda plantarla y alimentar.

(pausa)

Poco a poco, es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…

Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com

LA LUNA DE LA MAGIA


Meditación Facilitada por Temple Inanna – Escuela Cosmosóphica

Aula Alpha


Meditación de Luna Llena

LA LUNA DE LA MAGIA


Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta preciosa Luna de la Magia, la más próxima al Equinoccio de Otoño, que celebraremos el próximo día 21 de Septiembre.
Como ya sabemos, la Luna Llena está justo en el signo contrario al que se encuentra el Sol, en este caso el Sol está en el signo de Virgo, por lo que esta Luna de la Magia se encuentra en el enigmático signo de Piscis.
Si tuviéramos que poner un dato de valoración a la complejidad de una Luna, sería justamente esta, la de Piscis, la de mayor complejidad. Mucho se podría decir sobre esta posición lunar, tanto que no acabaríamos nunca. Para ser breves, si que afirmaremos que durante esta Luna en Piscis, es importante no desviarse de la realidad presente, pues es muy probable que sintamos el impulso de distraernos en otras realidades, sobre todo si ésta, la presente, no nos acaba de satisfacer. Esta sería una de las mayores habilidades piscianas, pero se agrava al ser algo inconsciente que es impulsado por la fuerza lunar y muy probablemente difícil de controlar. No obviemos que también esta Luna nos va a conectar con lo mágico, con aquello que aunque parezca insondable e incognoscible, podemos palparlo y sentirlo, con la certeza de que existe, sin siquiera necesidad de tener forma, porque la Luna en Piscis, lo sabe, y lo sabe porque lo intuye, porque lo vive como si fuera suyo y eso no le deja lugar para ninguna duda, aunque las dudas también sean propias de sus dicotomías. En resumen podemos asegurar que la Luna en Piscis es una Luna altamente creativa, muy intuitiva, muy sensible y sentida, que puede incluso hacerse suyo, lo que no es.
Así con toda esta fuerza lunar tan intensa y enigmática, comentar que antiguamente era tradicional que durante la noche de Luna Llena en el signo de Piscis, las mujeres principalmente y aquellos hombres que se considerasen a sí mismos altamente sensibles a las energías transpersonales, realizaban rituales mágicos, en los que se invocaban a los Espíritus de la Naturaleza y en el caso de los Chamanes, a los Tótems, pues se creía que la oscuridad y la fuerza oculta de esta Luna era muy propicia para cualquier tipo de invocación, e interconexión con el Más Allá, sobre todo cuando se trataba de abrir una puerta hacia la sanación, ya fuera personal, colectiva o incluso planetaria. El poder de esta Luna se consideraba tan grande, que los rituales estaban vetados a los principiantes, debido a que se consideraba incluso peligroso para ellos. El Más Allá en esta Luna está más activo y presente que en cualquier otro momento y muchas son las entidades de baja vibración astral, que esperan el momento en el que los imberbes y los ingenuos, tocan los poderes de la magia, aprovechando para atraparlos, manipularlos e incluso adherirse a sus campos áuricos. Aunque todo esto forma parte de antiguas supersticiones, si que cualquier intrusión en los mundos transpersonales, tiene que realizarse con la mayor de la responsabilidad y prudencia y siempre amparados por expertos en el tema.
Aclarado esto, podemos asegurar que la Luna Llena en Piscis es la Luna preferida de los Magos y las Brujas, tanto de los que practican magia blanca como de los que utilizan los poderes ocultos de la magia negra.
Aprovechemos esta fuerza lunar para conectar con nuestro poder transpersonal de forma responsable y sobre todo sabia. Permitamos que la magia se haga realidad.

Bienvenidos a la Luna de la Magia!!!

(pausa)

Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Anochece mientras caminamos por un sendero empedrado que nos conduce al interior de un hermoso Bosque. Hoy es un día especial, estamos citados a un encuentro mágico, en el que podremos compartir con todos, la inmensidad de la fuerza universal. Observamos como el camino está acompañado de preciosos abedules, también hay acacias, robles, encinas y hayas.
Comienza a refrescar, el sol se está filtrando a duras penas, entre los últimos claros. El cielo está despejado, se comienza a sentir la humedad, podemos oler la tierra y sentir como la energía de este poderoso elemento nutre nuestro Ser.
Si prestamos atención, comenzaremos a escuchar lejanos aullidos de lobos, nos emociona saber que estaremos acompañados de ellos y de su poder totémico, ellos son grandes guías espirituales y el camino en el que nos estamos adentrando, es un camino espiritual. De repente, advertimos que a pocos metros delante nuestro, se ha acercado una preciosa loba. Su pelaje es blanco y largo y sus ojos profundos y claros, nos observan como esperando que la sigamos. Nuestro corazón se engrandece, tan sólo con su presencia, ya podemos sentir el espíritu de libertad y la fuerza transpersonal, que nos transmite la sabiduría de la loba. Sin pensárnoslo la seguimos y tal y como nos decidimos, la loba comienza a correr, corremos tras ella, sentimos el espíritu de la loba tan fuerte que podemos confundirnos y sentir que somos ella. Corremos por el bosque, con su agilidad, con sus poderes, con sus ojos. Nos damos cuenta de que su mirada ve en otra dimensión, pues la luz del Bosque en sus ojos es diferente, aparecen colores que se desprenden de la vegetación, que con ojos humanos no es posible distinguirlos. Disfrutamos de este momento… corremos… corremos…

(pausa)

Aunque aparentemente la noche es oscura y cerrada, acompañados del corazón de la Loba nos parece que fuera pleno día. La belleza con la que miran sus ojos, se convierte en todo un descubrimiento, pues pese a poseer una conexión indestructible con la Luna, nunca hubiéramos imaginado que una noche en pleno Bosque manifestara tal caudal de luz y color. Empatizados con la Loba, sentimos como también se nos amplía el sentido del oído, de tal modo que podemos escuchar todo tipo de ruidos, procedentes de la vida activa del Reino Animal. Nos quedamos extasiados disfrutando de la vida nocturna del Bosque, de esa divina fuente de magia que estamos pudiendo hacer presente y que nos ofrece la certeza de que si nos lo permitimos, vamos a poder vivir realidades que de otro modo serían intangibles. Sentimos el poder de nuestra magia, de que nuestro Ser, además de habitar en un mundo racional, también lo hace en otros mundos. Sentimos la libertad que nos da el poder manifestarnos en el mundo de lo transpersonal, donde todo es posible y todo es visible, con los ojos de la intuición.
En este estado de gran amplitud perceptiva, decidimos experimentar nuestras dotes de clarividencia y clariaudencia, por lo que con los brazos extendidos y el corazón abierto, nos entregamos a los abismos del Bosque, para que nos continúen conduciendo, mientras nuestra nueva gran guía lobezna, sigue con nosotros, observándonos, acompañándonos, dotándonos de su esencia de libertad individual, sin por ello olvidar que pertenecemos a la manada y que con todos ellos formamos una gran familia, que sabe crear un hermoso hogar. Nos permitimos la libertad y sin más nos abrimos a la novedad que estamos eligiendo. Sentimos el poder de la libertad, nos imbuimos de este sentimiento, nada ni nadie nos puede limitar. Somos seres libres que habitamos en un mundo libre. Sentimos profundamente el grito interior de nuestra gran alma. Puede sentirse libre y lo hace. Somos libres. La Loba se pone a aullar ante la blanca Luna, aullamos con ella, sentimos nuestro aullido interior, es un aullido de libertad y de agradecimiento. Aullamos… aullamos… aullamos…

(pausa)

Sin darnos cuenta hemos alcanzado una amplia Bahía, rodeada de altozanos rocosos, nos encontramos en uno de ellos, desde donde podemos otear la inmensidad del mar que se abre ante nuestros ojos. La Luna inunda las aguas, invitándonos a entrar en su oscuridad. Sabemos que bañarnos en esta Bahía es algo especial, pues se trata de una iniciación, de un ritual que nuestros ancestros hacían para sentirse doctos en sabiduría, las aguas de la Bahía que con su luz, ilumina la Luna, son aguas negras que solamente pueden disfrutarse a ciegas. Nos sentimos preparados para el baño. Sentimos que las aguas van a abrazarnos, sentimos su poder de atracción y sin más comenzamos a descender por el altozano hasta alcanzar la playa. Ahora, desde la playa, si miramos tierra, podemos ver los límites del Bosque y como la magia se extiende entre los elementos, si antes era el poder de la tierra, ahora es el poder de las aguas la que nos ofrecerá su magia.
Nos desnudamos completamente, es una iniciación, no podemos llevar ninguna prenda con nosotros, ni abalorios, nada. Nos hacemos conscientes de que cuando salgamos del agua seremos otros. Estamos decididos. Entramos en el oscuro mar de la Bahía, sin más, dejamos que las olas laman nuestra piel, sentimos la frescura, la sal, la negrura y seguimos entrando, más y más, hasta que no hacemos pie. Sentimos la necesidad de bracear en dirección al horizonte sin reparar en nada más, solos con nosotros mismos y el azabache mar. Nos dejamos llevar por la marea, confiamos en el poder del mar. Flotamos… nos entregamos… nos disolvemos en la inmensidad del océano…

(pausa)

De repente, una precisa nube aparece, ocultando la plateada silueta lunar, hasta el mismo cielo queda en absoluta oscuridad. No tememos nada, sabemos que estamos en manos del poder de las aguas y que una vez hemos tenido el valor de llegar hasta aquí, vamos a poder conectarnos con nuestro aspecto arquetípico de La Sacerdotisa y que como iniciados en las artes de la magia, sabemos que con este ejercicio estamos cruzando por el valle de nuestra propia inconsciencia. Nos sentimos seguros, sentimos nuestra capacidad de entrega y nuestra confianza en La Luna, esa hermosa Luna Llena que ni siquiera es visible.

De repente, una sacudida nos zarandea, algo muy poderoso parece que nos arrastra corriente abajo, a tal velocidad que intentamos luchar para evitarlo, nos resistimos, aparece la memoria de nuestros ancestros, de nuestras vidas pasadas, de todo lo que nos causó temor y miedo, de todo lo que todavía no habíamos madurado y nos hacía sentir pequeños. Sentimos La Muerte de cerca, como un gran caos interno nos envuelve, como esa muerte que es inevitable, nos acoge. Luchamos contra ese maremoto de sentimientos, es como si las emociones nos atropellaran con el recuerdo, sentimos angustia que sabemos que tenemos que liberar, y para ello sólo hay un remedio, si seguimos resistiéndonos, si continuamos luchando jamás acabaremos con el dolor de la memoria del pasado. Estamos agotados, extenuados, sabemos que el mar nos está haciendo conscientes de nuestras emociones más bajas. Sabemos que es el momento de pararlas. Sólo tenemos que dejar de luchar y dejarnos llevar por la oportunidad que nos ofrece este mar.
Decidimos no luchar contra el abismo al que nos arrastra el mar. Nos dejamos acompañar por ese extraño vórtice, entramos en él. Sentimos el torbellino marino y como nos encontramos en su centro, la poderosa fuerza nos arrastra hacia la oscuridad del fondo del océano, no podemos ver nada. Es justo en este instante, en el mismo momento en el que decidimos entregarnos, cuando La Fuerza interior emerge, es tan poderosa que nos parece haber entrado en el mismo corazón de la Diosa. Un silencio sepulcral se abre en la sede de nuestra alma. Nuestro corazón se silencia. Todo es pura calma, ha penetrado, La Templanza.
Sentimos nuestro corazón silente y como la Diosa desde ese silencio, encarna…

(pausa)

Bajo las profundas aguas, podemos observar un lucero, es una estrella que parece querer hablarnos. Nuestro corazón en silencio se conecta con La Estrella, su luz intensa nos penetra, nos cubre con un halo que no pertenece a este mundo, pues este poder sólo vive en el mundo de ella. Sentimos el mensaje de la estrella, de esa luz imperecedera que tal y como nos cubre, nos eleva a las dimensiones en las que se encuentra la dicha que culmina en su eterna sabiduría.
Somos conscientes de que la luz de la estrella sólo es visible con los ojos silentes del corazón que murió como lo que era y que forjó la fuerza interna suficiente para que la templanza se apoderara del alma y desde lo más oscuro y silente pudiera dar con la luz imperturbable que sólo puede encontrarse tras cruzar todas las fronteras. Ahora sabemos que solamente es a través de la Luna desde donde puede llegarse y que este sendero que iniciamos en el Bosque cobra sentido.
Tal y como nos hacemos conscientes de ello, la fuerza del vórtice nos devuelve a la superficie del mar. Ahí está la Luna, recordándonos nuestros tesoros internos y que allí dentro, no todo es dolor y sufrimiento, que la memoria puede convertirse en nuestro gran tesoro.
Y al verla una hermosa oración surge de nuestro interior, la recitamos:

Dama que en la mañana duerme,
que en la noche me advierte,
sobre todo lo que la diosa presiente.
Dama que en el día se esconde,
que en la noche me atiende,
para explicarme sin palabras
todo lo que la diosa no habla.
Dama, dulce y blanca
entronada en las noches estrelladas,
destronada en el amanecer,
todas las mañanas,
y hoy más que nunca,
siquiera te dejas ver.
Dama, quiero hacerte saber,
que yo hoy, soy tu corazón, tú luz y tu piel.
Ven, mírame,
de blanca, de gris y de azul,
tan bella y mágica como lo eres tú.

(pausa)

Es el momento de salir del mar, regresar a la playa de la Bahía y hacerlo con toda nuestra sabiduría a flor de piel, portando el halo que nos ha sido entregado, reconociendo nuestra belleza interior y la riqueza del pasado. Es el momento de sentirnos poderosos y poderosas, de saber que somos mágicos seres insondables, que podemos crear múltiples realidades y habitar en ellas pese a que éstas no sean racionales.
Comenzamos a hacer pie. Caminamos lentamente, paso a paso, empoderados, con la certeza de sostener el cetro de poder. Nos sentimos reinas, nos sentimos tal que La Emperatriz. Augustas, generosas, poderosas desde la raíz.
De repente nos parece observar a alguien que se acerca a nuestro encuentro. Es una silueta de mujer, su energía es lunar, parece enigmática, negra, oscura y mágica. Conforme se acerca la comenzamos a reconocer, se trata de ella de la luna negra encarnada, se trata de Lilith, la verdadera. Sentimos puro amor por ella, por su magia, por su sabiduría y elegancia, por su halo de divinidad, de libertad y de alegría. Nos abrazamos. Nos miramos fijamente a los ojos. Nos envolvemos la una de la otra, nos sentimos una con la Diosa. Sonreímos. El mar sigue lamiendo nuestros pies, la Luna sonríe con nosotras. Lilith nos entrega un papiro y nos pide que lo leamos al amanecer, a la sombra del Sicomoro.
Tomamos el papiro y tras vestirnos, regresamos al altozano, allí donde podemos ver que la loba nos está esperando. Nos unimos de nuevo a la loba, y apretamos a correr por el bosque con el papiro en nuestras manos.
De repente aparecemos en un claro que curiosamente está lleno de otras mujeres y hombres que también han sido iniciados y conducidos por la manada de lobos hasta la sombra del gran Sicomoro. Conforme vamos llegando, vamos sentándonos alrededor del árbol, todo está en silencio, esperando que amanezca.

Amanece y de acuerdo al mensaje de Lilith desenrollamos el papiro para saber qué nos tiene que decir. Una anciana se levanta y lee estas palabras:

Vive y habita la mariposa en una montaña boscosa, donde los soles se fragmentan, para crear divinas estelas que más tarde se descomprondrán en perfectas Estrellas, que en el Cielo de Nut brillarán, para que quienes desde la tierra las puedan divisar, sepan que nunca el sol, dejó de brillar por ellos y que en las montañas donde los bosques encuentran su nombre, las damas con cuernos de vaca, siempre sostendrán la divina presencia solar en sus cabezas, pues ellas y sólo ellas, saben cómo alimentar las extensas Cordilleras por las que cada día el astro solar se elevará. Será entonces cuando la bella Isis nos vendrá a buscar y jamás volveremos a olvidar todo lo que en esas tierras pudimos sembrar. Ahora, este, el Templo de Seshat, recoge cada libro con nombre propio que sus autores dejaron escrito y que si quieren recordar, podrán abrirlo, y recuperar los manuscritos antes de que el Sicomoro agote su sombra y duerma para toda la eternidad.
(pausa)

Sentimos que el proceso de iniciación lunar ha finalizado, que la magia se nos ha desvelado y que a partir de hoy no seremos los mismos, pues la Diosa ha encarnado en todas nosotras. Nos permitimos respirar esta intensa vivencia, mientras decidimos regresar. Lentamente a nuestro ritmo. Paso a paso. Sin olvidar nuestra condición humana, ni nuestra divinidad.
Conscientes de la unión con nosotros mismos en nuestra dimensionalidad y de la unión con la tribu, vamos regresando, tomando consciencia de todo lo vivido y de la voluntad del Espíritu de Libertad, agradecidos por la compañía de la Loba y su generosidad.
Poco a poco, tomamos consciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!


Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA