LA LUNA ROJA

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Meditación Facilitada por Temple Inanna – Escuela Cosmosóphica

Aula Alpha


Meditación de Luna Llena

LA LUNA ROJA


Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta preciosa Luna Roja. Es el momento de reunirnos para celebrar la riqueza de todo lo que nos ofrece la Madre Tierra, es un instante para que la familia humana, sienta su casa, la gran esfera planetaria y como ésta nos acoge y nos entrega todo de sí, es el momento para ofrecerle nuestros respetos, para sentir gratitud por todo lo que recibimos, pese a que no es de recibo el trato que le damos. Es el instante de establecer compromisos con Gaia, de decretar que estamos unidos, que vamos a contribuir en potenciar ese respeto. La Luna Roja nos invita a reunirnos, a celebrar que somos uno y a expresar nuestros vínculos, con total satisfacción. Es importante la unión con todos los reinos, sin excepción, solamente de esa unión vamos a poder sentir el poder que generamos entre todos, más allá de cualquier origen, raza o creencia.
Los cereales, y en concreto el trigo y el maíz, van a representar la abundancia del alimento, mientras que las plantas, frutos, y raíces silvestres, van a representar la sabiduría de las boticas medicinales y el poder de las flores y sus aromas, van a recordarnos vibraciones de planos superiores que también están compartiendo la vida planetaria, aunque no podamos verlos con los ojos abiertos.
La Luna Roja, es una luna de conexión con todo, donde se desvanecen los lazos genéticos y se establecen las conexiones de alma, aquí la expresión del cuerpo es secundaria y lo que verdaderamente importa es lo que se halla, más allá de lo visible. Aquí y ahora, la tribu es lo importante, es la que dirige, la que habla y define, de forma elevada y libre como quiere vivir en este planeta, con el amor y el respeto que es capaz de brindarle a la vida y a todas las formas de vida existentes.
Seamos tribu, seamos aquello que siempre quisimos.

Bienvenidos a la Luna Roja!!!

(pausa)

Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Amanece, podemos ver como el astro se eleva por el horizonte, sentimos el nacimiento de este nuevo y especial día. Sentimos el poder solar más fuerte que nunca. Nuestra memoria celular nos trae imágenes a nuestra retina, de la infinidad de días y días en los que la humanidad hemos sentido al disco solar y hemos agradecido su presencia cada amanecer. Elevamos las palmas de nuestras manos hacia el astro, sintiendo como sus rayos penetran por ellas y recorren todos nuestros cuerpos, abrazándonos, insuflándonos de pura energía viva que llega a cada rincón de nuestras células. Respiramos profundamente el poderoso influjo de la energía solar matinal, respiramos conscientemente su flujo y lo reconducimos por todas las áreas de nuestros cuerpos, realizando un recorrido lento y atento, por cada órgano, por los músculos y huesos, lentamente, sin dejar de prestar atención al gran flujo sanador que nos está regalando el mismo señor del cielo.

(pausa)

Inundados por la fuerza solar, nos dirigimos a celebrar con nuestros congéneres que nuestra convivencia es un éxito, que somos capaces de ser esa tribu que crea cada día una oportunidad de vida que nos satisface a todos. Nos dirigimos a un hermoso paraje situado en el centro mismo del pueblo que entre todos hemos levantado. Se trata de la plaza central, diseñada de forma natural con árboles, plantas, flores y sencillas edificaciones que sirven para que los artesanos del lugar puedan exponer sus obras, y los aprendices, puedan practicar. Bajo los portalones que rodean el lugar, también hay mercaderes con todo tipo de alimentos, sobre todo con cereales para elaborar exquisito pan. Encontramos trigo, cebada, arroz, mijo, maíz y avena, así como una anciana artesana que amasa mientras le canta una preciosa oración a la masa que con todo su amor está elaborando:

Este es el grano que de la tierra brota,
que de semilla, se convierte en espiga hermosa,
entonces mis manos dadoras,
con todo mi amor,
alimentan a cientos de personas.
Vejez de la semilla, del grano y la espiga,
que gallarda se yergue ante el astro,
cada día cuando éste emerge,
abanderando el día
para que yo con mis manos,
amase el fruto de la semilla.
Este es el pan,
que te quiero regalar.

Algunos niños y niñas, deciden acompañar a la anciana panadera y cantan con ella, mientras sus compañeras hornean la masa en fuegos de leña.
Una de ellas nos entrega un cacho de hogaza, que saboreamos con la certeza, del alimento de sus nutrientes y de la dosis de amor que le añadió la entrañable abuela.
Disfrutamos de este fruto de la tierra, dando las gracias al creador, así como también al hacedor que supo cómo utilizar el fruto de la creación.

(pausa)

Si continuamos paseando por la plaza central, advertimos como la actividad se multiplica, así como cada vez somos más, los que acudimos a celebrar este magnífico día de unicidad. Escuchamos una silenciosa flauta, acompañada de una tímida arpa y de un osado timbal, tres músicos están deleitando a los curiosos con una melodía acabada de crear. Una pareja decide ponerse a bailar, espontáneamente idean una coreografía cuyo compás es genial. De repente una delicada voz, intensa y profunda, se alía con los instrumentistas, provocando que todos los artesanos conecten su talento, sin siquiera ensayos. Dejan que sus almas guíen su corazón, de ese único modo se crea un escenario improvisado, lleno de pura pasión. Decidimos unirnos en ese baile, creando nuestros propios pasos, e invitando a todos aquellos que deseen poner alma a sus días.
Bailamos…

(pausa)

Intensos estampados de colores llaman ahora nuestra atención, nos acercamos a observar qué está sucediendo en ese espacio cromático, allí vemos como sabias tejedoras hilan, creando tejidos con fibras obtenidas de la naturaleza. Unas se dedican a la urdimbre y la trama, mientras otras dibujan, colorean y estampan, y unas terceras, con el telar acabado diseñan y elaboran vistosas ropas.
Nos encontramos también con artesanos joyeros que con manos de experto diseñan preciosos abalorios, hechos con cristales y elementos que recogen del entorno. Anillos, colgantes, pendientes y pulseras, así como collares y vistosas diademas, embellecen aún más si cabe, los ropajes que las modistas presentan.
La creatividad está a flor de piel, este encuentro nos invita a descubrir nuestro propio poder creador. Nos conecta con nuestro don, ahí donde nuestra alma es pura expresión. Sentimos ganas de mostrar esa capacidad, así con esta intención penetramos más profundamente en nuestro interior y nos visualizados mostrando aquello que mejor sabemos hacer, sin reparos, alegres de que el mundo conozca nuestro talento.
Nos mezclamos entre los artesanos y como uno más nos visualizamos imbuidos por lo que nuestra gran alma es capaz de enseñar. Disfrutamos de esta conexión con el Espíritu Creador.

(pausa)

Tras este profundo vínculo con nuestros talentos, nos sentimos más maduros y empoderados ante el mundo, pues nos hemos hecho conscientes de que disponemos de todo lo necesario para sentir la plenitud y que el oro, no es más que un símbolo de abundancia, pues ésta está en saberse creador con aquello que la creación nos brinda. Valorar quiénes somos y todo lo que nos entrega la vida, conscientes que igual que somos receptores, también somos dadores y que eso nos hace sentir el flujo vital de la abundancia, pues la carencia es solamente un estado de desequilibrio de la percepción del mundo en el que vivimos. Ahora sabemos que para abrazar el mundo real, sólo tenemos que aprender a unirnos al alma y a la realidad y que lejos de ello, solamente podremos habitar en un mundo cerrado, creado por la falsedad. Nuestra elección ahora es vital, sólo tenemos que decidir si somos tribu o somos individuos de un mundo vacío. Viviremos aquello que elijamos.
Nos quedamos respirando y sintiendo esta capacidad de unidad en la que nuestra alma quiere habitar, sabiendo que es real. En este silencio mental, percibimos como ahora el alma es capaz de percibir el mágico mundo elemental. Sonreímos, nos sentimos niños, nos sentimos más unidos a todo lo que habita en este planeta. De repente, percibimos como con nosotros también conviven hadas, elfos, gnomos y duendes, descubrimos que forman parte de los reinos de este planeta y que su compañía nos hace más ricos, pues ellos representan el lugar en el que depositamos todos nuestros sueños, mientras el poder creador aún estaba dormido, como para encarnar aquello que deseaba vivir el corazón.
Nos visualizamos unidos a todos los reinos, rodeados de elementales, de árboles, plantas, animales y minerales. Creamos una inmensa rueda de seres de todas los tipos, géneros y edades. Visualizamos como poco a poco se unen a la rueda más entidades dispuestas a unirse al alma común planetaria, siendo el planeta la única casa y la más perfecta, conscientes de que si amas la madre tierra, la vida en la abundancia es real y verdadera.
Nos quedamos sintiendo la unión de almas y la conexión planetaria.

(larga pausa)

Agradecidos por este intenso sentimiento, sentimos que queremos dejar claro nuestro compromiso, para ello decidimos hablar claro y alto, decretando ante todos los presentes esa unión indisoluble que ha decidido establecer nuestro corazón:

Siendo humano me siento vivo,
comprometido y enamorado
de esta tierra que el destino
quiso que acariciara con mis manos.
Después de vivir por siglos,
hoy he comprendido,
que todo lo aquí vivido,
es la riqueza de este divino camino,
que emprendí,
 cuando era todavía un niño.
Hoy grito,
Soy uno contigo,
en mi corazón no hay ya más abismos,
solamente un bello sonido,
que a ti y a todos vosotros os brindo.
Desde los confines en los que se encuentre  mi Ser,
hoy a todos os digo,
que tengo la certeza,
de que mi Cielo, toca esta Tierra con los pies.

Visualizamos como el gran corazón del alma planetaria vibra como nunca antes, es una vibración que nos abraza, y con idéntica gratitud, abrazamos. Podemos observar la diversidad de personas, animales, y otras formas de vida elementales, que se han unido a la rueda que escenifica la gran tribu planetaria, los árboles que nos rodean parece que quieran hablarnos, sentimos como sus raíces comienzas a reactivarse, desprendiendo una gran carga de energía, que actúa sobre la capa telúrica. Sentimos como todos los árboles del planeta están conectados entre sí, a través de una red lumínica subterránea que han desarrollado, sentimos como el córtex planetario emite una preciosa música, se trata de la música del alma de Gaia. La escuchamos atentamente, mientras podemos sentir como los seres intraterrenos también se unen a nuestra rueda. Permanecemos en silencio, mientras escuchamos la música de Gaia.

(pausa)

Conscientes de la unión con la tribu, es el momento de regresar, tomando consciencia de todo lo vivido y de la voluntad del Espíritu Creador, de ser y crear por y para el mundo real.
Poco a poco, tomamos consciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán
TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com 

LA LUNA DE LAS BENDICIONES


Meditación de Luna Llena

LA LUNA DE LAS BENDICIONES

Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta bendita Luna, la que se conoce como la Luna de las Bendiciones, cuando se disfruta y agradece la fortuna de la energía de la madre tierra, para prepararla para las primeras cosechas. Es el momento de sanear la tierra del hogar, de revisar para deshacernos de lo que no nos servirá de ahora en adelante, con el objetivo de crear una base sólida en la que sustentaremos la riqueza del hogar. La tierra se prepara con alegría, con todos los elementos propios de las antiguas sabidurías, que nos dicen que una tierra vacía, no es fértil. Por ello es necesario poner el alma misma en la preparación de esas bases que van a representar nuestra riqueza para el resto del año. Poner el alma en el hogar y sentir la necesidad de salir más allá, con el alma a flor de piel y llevarnos con nosotros todo lo que somos, así como todo lo que sabemos hacer. Si en nuestro hogar creamos bases sólidas, sabremos que más allá de él no hay peligros, no hay quien nos pueda arrebatar lo que es nuestro, lo que hay son oportunidades para que a través de lo mejor que sabemos hacer, sentirnos útiles, capaces y generosos. Un hogar vacío de alma, es un hogar precario, vulnerable a energías no bienvenidas, en cambio un hogar bendecido, conectado con la madre tierra y toda su abundancia, es un hogar divino, enérgico, lleno de posibilidades, que sabe que cuando se aventura más allá de la puerta de su casa, regresará con más abundancia si cabe. Para que esto ocurra, tiene que haberse imbuido de generosidad, de la misma con la que la madre nos bendice a todos los habitantes del planeta, solamente desde esta sinergia, el hogar vibrará, del mismo modo que hacemos vibrar el hogar de todos, no hay ni habrá diferencias.
Crear una bases sólidas en el hogar, representa que todos sus miembros son seres libres, que se expresan con libertad y que desde esa libertad, conviven, aportando lo mejor de ellos mismos, sin más severos juicios, ni más restricciones por temor a que la abundancia se vaya a acabar.
Es el momento de bendecir tu hogar y a todos sus miembros y vivir en amor y paz.
Bienvenidos a la Luna de las bendiciones!!!

(pausa)

Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Está atardeciendo, la todavía poderosa luz del sol, nos recuerda que los días son largos y que podemos disfrutar de estos momentos con nuestra familia. Visualizamos el camino que nos conduce hasta nuestro hogar. Se trata de un sendero simbólico, proyectado desde la profundidad de nuestra alma. Observamos los alrededores del camino, en qué paisaje nos encontramos, si la naturaleza que nos rodea, nos recuerda a algo. Respiramos profundamente los aromas que podemos captar. Es posible que huela a hierbas, a flores o incluso a algún plato cocinado que nos evoque el pasado. Nos deleitamos con la belleza de este camino que nos conduce a nuestra casa espiritual.
Decidimos detenernos para sentarnos sobre el terreno, lo hacemos bajo la sombra de un bello sicomoro. Se trata de un árbol centenario que siempre nos ha acompañado, dando cobijo a nuestra gran alma, cada vez que se ha sentido consternada por las circunstancias. Nos abrazamos a su tronco y bendecimos su presencia, sus horas de paciencia y la sonrisa con la que siempre nos recibió. El sicomoro se siente tan agradecido que sin esperarlo nos responde al oído con palabras de puro amor:

-         Sariem akai porei esan, vine kori ena nai – Soy quien soy, por mi interior fluye la energía que de la tierra recibí. Vinerim eka orinai der iven aneum sen akai enar orim veka saim eka saim eka, saim sorior ami eran gonar paladur astadi dan esen – por mi falda descendió un manantial de amor que nadie como tú supo conocer, bendito seas bendito seas, bendita tu alma que cruza por esta mágica vereda y se detiene a mí vera.
-         Venaei akai era sorior enai sen saim eka saim eka – yo os venero por abrazar mis cuerpos bendito seas bendito seas – le contesto al sicomoro, quien agita su copa vibrante por esta unión imperecedera.

Tal y como nos comunicamos de alma a alma, la copa del sicomoro comienza a vibrar. Vibramos con él. Mientras eso sucede, observamos cómo se acercan a nosotros, atraídas por la vibración un grupo de diminutas ardillas, que quieren compartir con nosotros ese entrañable encuentro. Con ellas traen su habitual alegría, trepan por las ramas, se acercan a nosotros para que juguemos, jugamos. Las ardillas nos recuerdan que los esfuerzos tienen su recompensa y que es nuestra obligación, tener momentos de diversión. Nunca nada es perdido, pues los frutos que ellas entierran de forma preventiva para saber que siempre tendrán  comida, si luego no los encuentran, acaban brotando y de ellos naciendo un nuevo árbol, es decir que nunca se pierden oportunidades en la vida para tomar rumbos que nos conduzcan hacia el éxito de nuestro camino.
Nos quedamos sentados contra el tronco del sicomoro, respirando, sonriendo, vibrando por todo, pues todo lo que hemos hecho se convierte en nuestros éxitos, no lo dudamos, sonreímos bendecidos y respiramos profundamente…

(pausa)

Desde donde nos encontramos, podemos divisar nuestro hogar. Caminamos hacia él, observando su entorno, su espacio exterior, si está bien cuidado o no. Llegamos a la casa, a nuestra casa espiritual. Percibimos su belleza, el material con el que está hecha, el color de su fachada, si es de piedra, de tierra, de ladrillo, de adobe o de paja. Si está con bellos dibujos pintada o es lisa, blanca o dorada. Nos fijamos en todos los detalles mientras seguimos caminando alrededor de toda la casa, buscando si tiene porche o terraza, si es austera o está decorada, si hay flores o vegetación silvestre.
Cuando le hayamos dado toda la vuelta, regresamos a la entrada. Es nuestra casa, sólo tenemos que empujar la puerta y entrar en ella.
Sentimos si nos complace entrar, o bien si nos turba, o si lo estamos deseando, o si hay un ápice de rechazo. Sentimos profundamente este instante, antes de penetrar, pues tal cual sintamos, así de conectados estaremos a nuestro hogar espiritual.
Respiramos profundamente ante la entrada y empujamos la puerta con la actitud que nos ha llegado, sin cuestionar nada, solamente sintiendo.
Lo primero que percibimos es la luz del interior, si es clara y diáfana, si está en penumbra, si es oscura o si deslumbra. Lo primero con lo que nos encontramos es con un fuego sagrado. Observamos las llamas, si está ardiendo con ganas, nos dirigimos a su calor y nos damos cuenta que se trata de un fuego hermoso, de color púrpura que nos recuerda que toda transformación es posible y que la vida está siempre en movimiento, nunca se detiene. Evocamos todos los momentos de grandes cambios que a lo largo del tiempo hemos hecho, bendiciendo cada vez que nos hemos entregado a ellos, pues solamente a través de estas transformaciones, hemos llegado a ser quienes somos hoy. Nos sentimos bendecidos por la vida y aprovechamos para bendecir nuestro hogar.

-         Sein inar vike dan, vereim onear karei anar, saim eka saim eka – bendita mi casa quien me muestra ese hogar que supe crear con mis propias manos, bendita seas, bendita seas.

Nos quedamos respirando ante el fuego sagrado estas bendiciones…

(pausa)

Para nuestro deleite, sabemos que nos encontramos en ese lugar al que sentimos nuestro hogar, éste es visitado o compartido con otros miembros con quienes convivimos, ya sea como parte de la familia o como vecinos. De repente, escuchamos que llaman a la puerta, llegan a nuestra casa las personas que con un vínculo de alma, están conectadas a nosotros. Ellas están compartiendo nuestro camino de vida y juntos aprendemos los unos de los otros, cada cual con sus atributos y su personalidad. Sentimos el profundo respeto que nos tenemos y como, gracias a nuestra peculiar forma de caminar, hemos podido conjugar nuestras capacidades y sentir que formamos un gran equipo, completo y dinámico, que se sustenta en un todo quántico, formando una sinergia que es capaz de proyectar el valor de la unidad.
Nuestra casa se llena de almas, de esas almas que nos mueven nuestra gran alma, sentimos la alegría por esta visita, pues nuestra casa se llena de dicha y nuestro corazón se siente pleno, honrado y bendecido por la vida.
Entre todos preparamos comida para sentarnos juntos en la mesa, sentimos profundamente a quienes nos acompañan, nos hacemos conscientes de las personas con quien sentimos estos lazos de unión. Aprovechamos para compartir con ellos la alegría por todo lo que nos da la vida y bendecimos este sagrado momento de unión con todos ellos, pues ellos son nuestra familia.

-         Ikai, eka anai, verim, parein ela sorior, un edai paladur dan, vereim anur pure un, saim eka saim eka – venid, entrad, compartid y gozad, tanto como lo hago yo, en esta mi casa que también es de vos. Benditos seáis, benditos seáis.

(pausa)

Siento la abundancia de la vida, fluyendo por todo mi ser, no hay nada que pueda hacerme creer que si no soy exigente no voy a ser nadie, ni si no soy importante, no voy a ser nadie, no existen expectativas, solamente fluidez con los ritmos de la vida, sabiendo transformar cada instante en una mejor oportunidad. Siento la abundancia y la riqueza por todas las personas que me rodean y de cómo cada una de ellas, hace un papel vital en mi vida, ayudándome a crear ese hogar que puedo compartir con todos. Es noche oscura. Abro la puerta de la casa y me dejo cubrir por el manto estelado, la luz blanca de la luna llena me acompaña. Es de una belleza indescriptible. Parece que me habla, que me invita a que nos encontremos. Me señala un sendero, se trata de un estrecho camino serpenteante. Mi corazón se siente dichoso, es el camino de la serpiente, recuerdo las historias que mis ancestros explicaban sobre la cueva en la que se haya la huella de la mujer más anciana. Camino hacia no sé qué destino. El camino da vueltas, adentrándose cada vez más en el bosque. Siento a los grillos, hasta que de repente se escucha un profundo aullido. Se trata de una loba, de pelaje blanco y largo, se acerca, quiere acompañarme, le sonrío, y conforme ella aprieta a correr, acelero mi paso y corro también. La loba y yo corremos por el bosque, por este lugar en el que mi alma se siente libre para expresar todo lo que es. Mi familia me sigue, escucho sus pasos, quieren compartir este estallido del alma. Se acerca la manada de lobos, corremos todos, respirando la tierra bajo nuestros pies. No existen peligros, sólo un bello camino por el que transitar y sentirse bendecido.

-         Saim eka, saim eka – bendito seas, bendito seas.

(pausa)

Está amaneciendo, el astro comienza a inundarnos de su cálida energía. Le saludamos, lo bendecimos y sentimos como este día que llega, será tal cual yo elija. Elijo vivirlo en plenitud y alegría. Elijo compartir todo lo que me entrega la vida. Elijo elevar cada átomo que me aleje de mi presente. Elijo vibrar alto y de frente, ante todo mi ser, permitiéndome lo que a veces no me he permitido. Elijo darme permiso para hacer aquello que da luz a mí ser. Elijo no apagarme ante el error y saber que éste forma parte de todo aprendizaje. Elijo no darle fuerza a los obstáculos, sino convertirlos en oportunidades. Elijo valorar mis logros. Bendecir mis éxitos y mis fracasos, pues ahora sé que no existen, que era lo necesario para madurar mi forma de sentir el camino.
Vivo lo que elijo, lo sé. Y me honro por saber elegir lo mejor para mí.

-         Saim eka era dena nar, saim eka akorei akena nar, saim eka perior akai eta sorior dan – yo bendigo esta sagrada tierra, a la que acudí sin conocerla, hoy no puedo más que bendecir la oportunidad de estar aquí.

Nos quedamos respirando el flujo de la madre tierra y la luz del astro sol. Sentimos un abrazo profundo, como madre y padre se funden en uno para penetrar en el hogar de nuestro corazón. Sentimos sus bendiciones y abrazados a los lobos, mientras las revoltosas ardillas juegan, cogemos el camino de vuelta. Paseamos por este camino, deleitándonos con su paisaje, respirando profundamente…

(pausa)
Poco a poco, es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA

www.templeinanna.blogspot.com

LITHA - SOLSTICIO DE VERANO



Meditación Facilitada por Temple Inanna – Escuela Cosmosóphica

Aula Alpha


Meditación de Bienvenida al Verano

LITHA

Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en Litha, el Verano, el día que tradicionalmente está relacionado con la máxima presencia de la divinidad, quien acude a hablarnos de fertilidad y abundancia, pues Litha significa Fuego y el fuego simboliza el poder del Espíritu. Cuando ese poder tiene más presencia que nunca, sentimos más comunión con todo y por tanto más alegría. Litha marca el punto de inflexión en el que a partir de entonces los días se comenzarán a acortar, repitiéndose el círculo. Celebrar Litha es celebrar la alegría de pertenecer a una tierra fértil, inundada de agua de vida, en la que se respira aire purificador y en la que el fuego es el máximo protagonista, mientras en el éter se dejan escritas las experiencias vividas.
La historia y las tradiciones nos hablan de la devoción al Sol que la humanidad hemos mostrado. Si viajamos por diferentes culturas, podemos enumerar a unos pocos de entre cientos de nombres que se le han dado a esta poderosa fuente de luz y vida, desde el disco solar egipcio Ra, pasando por el griego Helios, el maya Kinich Ahau, el azteca Tonatiuh, el inca Inti, así como el disco de oro que ya se dice que se adoraba en la época de los atlantes.
Hoy todos sabemos que sin sol perece toda forma de vida en nuestro planeta y con la gratitud que esta presencia representa para la Madre Tierra y toda vida, así hoy podemos continuar mostrando nuestro agradecimiento y contagiarnos de esa alegría que nos comunica la presencia solar.
La belleza de un amanecer o de un atardecer, está impregnada en nuestras células, ser testigo de ese despertar matinal, nos colma el día de fuerza y energía, mientras el atardecer nos recuerda que es el momento de tomar paz y quietud para que nuestro organismo se recupere hasta el siguiente amanecer. Este hermoso y sagrado ciclo que conforman el sol y la luna, se convierte en la más divina danza que nuestro cielo nos regala todos los días de nuestra vida. Bailemos con ellos y sintamos su flujo armónico y eterno.

Bienvenidos a Litha!!! ¿Bailamos…?

(pausa)

Comenzamos…

Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire estival penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Me desperezo, siento como los rayos del sol del amanecer acarician mi rostro. Respiro hondo esa calidez, ese saber de que la vida está conmigo, acompañándome en este mágico y precioso viaje que mi alma ha emprendido. Me siento serenamente agradecida por todo, por cada día, no cuestiono, sé que lo que he vivido es lo mejor que tenía que vivir. Decido salir a disfrutar del amanecer. Observo como ante mí se expande un hermoso campo de girasoles, se están irguiendo ante la luz del sereno firmamento. Vemos como su corona y sus pétalos buscan llenarse de toda la luz del día, los imitamos, nos convertimos en sabios girasoles que se mueven hacia el sol y tal y como ellos lo hacen, sentimos como los poderosos rayos penetran en todas nuestras células, iluminando cada rincón, convirtiendo este día que comienza, en una sagrada oportunidad, para que el día que comienza sea un reflejo de aquello que decidamos. Conscientes de que si elegimos lo que nos merma luz, nuestro día se oscurecerá y si elegimos abrazar cada instante con nuestra verdad, el día nos devolverá su respuesta en forma de sabiduría con la que caminar.
Somos girasoles, somos parte de esa danza matinal. Bailamos frente a esa fuente de poderosa luz, impregnando la mañana de alegría que vamos a contagiar. Respiramos profundamente la luz de la mañana silente, mientras nos movemos agradeciéndolo. Bailamos en silencio.

(pausa)

Ante ese campo de girasoles, aparece un pequeño sendero. Decidimos cogerlo para explorar hasta donde nos conduce. Paseamos, conscientes de que el camino nos va a llevar a un hermoso sitio. Sentimos la plenitud que nos brinda la vida, cada vez que elegimos lo que en verdad deseamos vivir. El día ha avanzado y el astro sol se ha elevado, modificando los tonos del espacio de tenues a intensos dorados, tanto es así que de repente un campo de doradas espigas aparece ante nosotros. Se trata de un extenso trigal, de grano maduro que va a estár disponible para ser recolectado. El trigal nos muestra la infinidad de semillas que la vida tiene guardadas para entregar. Son semillas con las que podremos alimentarnos y cultivar, para vivir las realidades que de ellas se pueden germinar. Sentimos el poder del trigal, y si nos fijamos, podemos ver como las doradas espigas se confundes con los rayos solares, creando mágicos enlaces cuyo flujo desciende hasta las raíces y penetra en toda la esfera planetaria, resaltando su absoluta belleza.
Penetramos en el trigal y nos abrazamos a las erguidas espigas, dejándonos envolver por el vínculo que crean con el astro sol. Respiramos profundamente esta penetrante luz y bailamos en el dorado paisaje.

(pausa)

Tras el baile en el trigal, continuamos por el sendero elegido, por el que continuaremos descubriendo un mundo impregnado de la dorada luz. Paseamos, disfrutando la energía de cada paso que damos y sin más, nos damos cuenta de que nos encontramos ante una inmensa Cordillera que si nos giramos, vemos que nos rodea trescientos sesenta grados. Estamos en el mismo centro, en el valle que crean la multitud de laderas que conforman la Gran Cordillera. Se trata de un paisaje impresionante, donde se puede sentir la comunión que se crea entre la fuente de la creación y nosotros.
Sentimos como la Cordillera quiere hablarnos sin palabras. De repente nos llama para que nos fijemos en lo que está por suceder. Buscamos el punto en el horizonte que llama nuestra atención y observamos como unos destellos comienzan a emerger tras una de las colinas. Se trata de una luz extraña, diferente, desconocida. Conforme se deja ver, elevándose por detrás de la montaña, observamos que se trata de un hermoso mandala solar, haces de luces en tonos rojos intensos, crean un dibujo geométrico que nos emociona y cuando este sol puede verse casi al completo, advertimos que un segundo sol, también está despuntando a su lado, esta vez en tonos dulces y anaranjados, cuya geometría es capaz de transportarnos a millones de años luz de donde nos encontramos. Al instante un tercer sol en amarillos y ocres, llama nuestra atención, erigiéndose como un cúmulo dotado de gran intención, creado de círculos y círculos concéntricos en movimiento que nos transportan desde lo interno hacia lo externo y vuelve a comenzar. Estamos extasiados observando esta cadena solar, que es capaz de entregarnos la Gran Cordillera en la que nos encontramos, mientras un cuarto sol, parece palpitar en absoluto silencio, creando un flujo de abrazos, tan intenso que puede parecernos que nos hemos fusionado en sus vórtices verdes y rosados. Cuando emerge el quinto sol, los anteriores están cada vez más elevados, parece que se buscan entre ellos. Los tonos azulados intensos de este sol, traducen ritmos que no pertenecen a ningún tono conocido, como si cada ritmo que nos desvelara nos entregara una oportunidad nueva. Sentimos coger y dar, sentimos danzar al ritmo del mandala solar, mientras emerge un sexto astro, tan intenso y arcano como lo es su poder transpersonal. Los arcos giran a tal velocidad que nos sentimos unidos al gran canal universal, hasta tal punto, que cuando el séptimo y último sol aparece, no podemos más que sentir el gozo que nuestra gran alma está viviendo. La Gran Cordillera queda rodeada por siete increíbles soles, que como puertas a la galaxia, se sintonizan en una hermosa danza, que acompañamos, sin dejar de observar la alianza que se crea en la Gran Cordillera.
Respiramos profundamente mientras no podemos dejar de bailar, ante el espectáculo solar…

(pausa)

El sendero se abre de nuevo ante nuestros pies, caminamos por él. Cada paso que damos nos conduce más y más a nuestro Ser. El sol está comenzando a descender, lo hace poco a poco, sin prisas, sin dejar de quemar el mismo fuego que lo vió nacer. Aparecemos en una playa, se trata de una bella Bahía, un lugar en el que poder disfrutar del atardecer. Caminamos por la orilla, mojando nuestros pies, observamos como el sol nos hace un guiño, quiere algo de nosotros, pero no sabemos que es. De repente en la arena, a nuestros pies, algo nos deslumbra, nos agachamos a mirar que es. Para nuestra sorpresa, se trata de un peine de plata, nos giramos para ver quién puede haberlo perdido. No hay nadie. Buscamos, cuando de repente descubrimos a la Luna ante nuestro corazón. Nos mira sonriendo. Invitándonos a que lo utilicemos. Brindándonos la oportunidad de que con su peine, le podamos al sol hablar. Nos dice que a través nuestro ellos se podrán tocar.
Cogemos el peine y como si ya supiéramos lo que tenemos que hacer, acariciamos cada rayo del astro, peinándolo, lentamente con el amor con el que la misma Luna lo haría. Peinamos los rayos del sol con el peine de plata y recitamos esta bella poesía:

Me uno a ti en grandeza de Espíritu y gratitud,
pues la belleza que surge de tu interior, 
se concibe como un cúmulo de las edades vinculadas a tu luz.
Se sumerge la vida en esplendor y grandeza, 
tal como tú en amor manifiestas.
No existe ni perdura más penumbra en el horizonte,
pues es mágica la cumbre de esta caricia certera,
en la que permites que se mezan las aspiraciones 
sin exigencias ni errores,
con el aprendizaje que representa
cada experiencia.
Surge la duda,
pero no surge por surgir,
es un resonar extraño,
que por tiempos inmemoriales acompaña al ser humano,
que sabiéndose animal y divino,
siempre duda, 
caminando, eligiendo y experimentando,
Cada día que vemos al astro
y cada noche
cuando la blanca cuna nos envuelve.
En medio de la lejanía,
sutiles tambores,
estrellan la noche de opíparas letanías.
Un fuego quema,
unos cánticos de dicha,
envuelven nuestras escenas,
en las que infinitas voces,
al unísono se integran
gritando: SOMOS UNO CONTIGO.
Camino sereno por esta orilla,
percibo aquello que del cielo tanto me maravilla,
alumbro con el silencio toda esta dicha,
cada vestigio de vida,
vida tras vida,
elevado con alegría
a la cumbre de tu sabiduría.

El atardecer ha comenzado, el astro sol se está ocultando. Un fuego arde, por todos nosotros rodeado, quienes continuamos orando y recitando, tal que la luz del cielo se va estrellando. Los tonos rojizos y anaranjados son envueltos por los verdes y rosados, mientras azules y violáceos, crean perfectos estratos. La Bahía se va oscureciendo. Solamente el sonido del mar y el arder del fuego. La brisa salada y la arena mojada, mientras el día vira y nosotros seguimos bailando entre la oscuridad en la que se viste el cielo que nos acompaña.
Bailamos rodeando al fuego, quemando lo viejo para recibir lo nuevo. Bailamos en amor eterno, dueños y sabios de nuestro sol interno.
Bailamos…

(pausa)
  
Poco a poco, es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…

Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
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