MEDITACIONES DE LUNA LLENA

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Meditar en Luna Llena nos ayuda a integrar y fluir con las energías planetarias de un modo atento, consciente y libre. En este blog hemos querido dejar un trabajo muy especial con las 12 Lunas de los Signos Zodiacales, cada una con su más hermosa característica, cada una con sus atributos, con su energía, recibiendo la luz del astro Sol, hablándonos, diciendo que el flujo cósmico y nosotros somos resonantes y aliados del camino que es la vida.

Para Meditar, solamente tienes que elegir la Luna Llena que deseas trabajar y clickar en "Descargar Audio", el audio se descargará gratuito en formato mp3, puedes hacer la meditación directamente desde tu pc o bien desde tu teléfono, también puedes copiarla en un pen usb o un cd, como te sea más práctico.

Estas son las 12 LUNAS LLENAS:












LUNA LLENA EN VIRGO - Meditación de la Luna Dadora

Todos los textos han sido escritos por JOANNA ESCUDER para TEMPLE INANNA.

La voz de la narración es de KARME MILLÁN de TEMPLE INANNA.

Deseamos de todo corazón que este trabajo que entregamos sea recibido con el mismo amor y podáis sentir la misma gratitud que nosotras hemos sentido al crearlo y entregarlo.

NAMASTÉ

Karme Millán y Núria Gómez (de pseudónimo Joanna Escuder)

Calafell, 2 de Marzo de 2018

LA LUNA VITAL

Meditación de Luna Llena

LA LUNA VITAL


Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta espectacular Luna Azul, una Luna que nos conectará con el flujo vital de creación. Para ello debemos saber que es el momento de comprometernos con nosotros mismos, de dejar atrás todo aquello que nos hacía sentir limitante y pequeño, es el momento de reverdecer, de dejar de sentir que los frutos son algo que solamente pertenece al futuro. Es el momento de decir HASTA AQUÍ. Este punto de inflexión en el camino, es vital para que el siguiente paso que vamos a dar esté imprimido desde la voluntad superior del yo. Es el instante de tener la certeza de nuestra madurez. El niño interior está feliz, sano, alegre, confiado y dispuesto, con ganas de vivir todo aquello que a día de hoy no pudimos, pero deseamos con todas nuestras fuerzas. Las heridas están cerradas, la autoconsciencia de nuestro pasado, ha sido ampliada y desde todo el conocimiento adquirido y todo el ahínco vertido en nuestro avance, es el momento de resurgir como individuos, con ese precioso halo solar, que estamos aprendiendo a mostrar. Es el momento de sentir la serenidad que nos imprime nuestra resonancia solar. La Luna Llena en Leo de hoy nos lo muestra, nos habla de la estrecha relación que ella mantiene con el astro Sol. Ambos crean el día y la noche en un baile eterno, sin principio ni fin.
Los Registros Akáshicos planetarios se abren para dejar salir a la luz, todo aquello que el Sol atesoró. No hay más tiempo que esperar, es el presente el lugar en el que habitar. Es nuestra decisión vivir desde nuestra individualidad en armonía con la sociedad, sin condiciones, aceptando quiénes somos y quiénes son, aceptando sistemas, y creando vida nueva, sin rechazar, sin separar, sin dominar. Es el momento de tomar el flujo vital, y reconocer donde se expresa verdadera vida, en todos los planos y dimensiones de nuestro planeta. La humanidad somos un reino más de entre muchos. La humanidad conectada al flujo vital, sabe que comparte la tierra con otras muchas formas de vida y que todas ellas son tan sagradas y respetables como la nuestra. La misma diversidad que puede existir entre los propios seres humanos, se presenta en la diversidad de seres de otros planos. La Luna Vital de hoy, nos invita a sentirnos parte de la Gran Alma Planetaria como individuos maduros, no nos olvidemos que viviremos aquello que elijamos. ¿Elijes el alimento del Flujo Vital de Creación…? Si es así, acompáñanos, es el momento de sentir la creación en toda su dimensión.

Bienvenidos a la Luna Vital!!!





(pausa)

Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Amanece, abro los ojos a un nuevo día, hoy sé que todo es diferente y no porque nada externo haya cambiado, sino porque he sido yo quien ha alcanzado a transformar mi perspectiva. Me siento presente. Mi primer gesto es una sincera sonrisa. Estoy vivo. Siento el gran templo que representa mi cuerpo para mi alma, ahí donde cada día suceden infinidad de movimientos que siquiera conozco. Reconozco el estado de salud y me anclo ahí, saboreando, disfrutando del bienestar que decido amplificar para vivir el resto del día. Me siento presente. Realizo una breve revisión sobre mis responsabilidades del día que comienza. Sonrío. Voy a ejercerlas sin problemas, poniendo todas mis capacidades y toda mi experiencia. Recuerdo cuando en el pasado una parte de mi se revelaba ante ellas y luchaba con todas sus fuerzas por evitarlas, sin madurez para establecer compromisos ni sabiduría para enfrentar posibles conflictos. Siento como esa parte de mi ha dejado de dominarme y como hoy, puedo encaminarme a mi vida diaria sin sentir que las tareas del día a día son una obligación ni causan ningún tipo de pesar o condición, pues hoy yo elijo lo que vivo y como vivirlo.
Disfruto de esta nueva visión y me enorgullezco de haber aprendido a transformar mi interior a un estado superior que me transmite alegría. Siento amor, siento el amor y el respeto que me tengo. Siento amarlo todo, incluido yo. Me siento amado y presente.

(pausa)

Sintiéndome presente aprendo a caminar todos los días desde este nuevo estado interior que me aporta satisfacción y dicha. Sé que la vida me continuará poniendo retos. Retos que tendré que afrontar desde la sabiduría y no desde la inmadurez emocional del pasado. Sé que cada reto supondrá una forma de adquirir mayor maestría, de desplegar todas mis capacidades internas ante la vida y descubrirme más allá de cualquier estado de confort que no alimenta mi alma, ni le permite seguir creciendo. Me siento enamorado de la vida y por ello vibro con toda la energía viva con la que me encuentro. Vibro con el planeta y con toda forma de vida. Las enseñanzas recibidas me han hecho comprender que cada uno tenemos un ritmo de aprendizaje y que es importante respetarlo. Siento la madurez de mis intenciones, de mis juicios, de mis palabras. Siento como el otro es un aliado y pongo los límites a quienes no siento tener que integrarlos, pues he elegido vivir y no seguir viviendo luchando. Siento y doy respeto y por ello pido respeto. Siento como armonizo, como tomo equilibrio, como aunque surjan movimientos inesperados, ahora conozco de mí como afrontarlos. Me siento fuerte y presente. Me siento preparado.

(pausa)



Tras saber que he sido capaz de identificar, integrar y aceptar todas las creencias procedentes de dogmas y doctrinas que me habían encapsulado, limitado y encarcelado una importante parte de mí, decido descubrirme más allá de esas creencias y cada mañana al poner los pies en el suelo, siento como doy pasos hacia ese aspecto de mí que permanece dormido y que todavía no conozco. Voy en mi busca. Voy hacia mí, hacia lo que no conozco porque no pudo o no tuvo oportunidad de vivir. Camino hacia lo desconocido, con consciencia de que aquello que se cruce en mi camino es exactamente lo que necesito para continuar descubriéndome. Ahora ya no me condicionan las influencias del pasado, ahora todo ese pasado es mi riqueza, mi motor, mi madurez. Sé que si recurro a actitudes de víctima, jamás podré sentir lo que es vivir. Sé que si actúa desde la libertad de ser y elegir, mi vida será reflejo de aquello que creo, tanto como libre pensador, como creador. Siento la ley de atracción y como desde ahí soy capaz de crear una nueva vida para mí. Me siento presente, vivo y creador.

(pausa)

Cuando miro a los ojos a los otros desde la mirada del creador, puedo sentir el máximo respeto y admiración por la sabiduría del creador ajena, tanto como por la mía. Siento que ese mismo amor que soy capaz de entregar a la vida, es entregado por los demás, consciente de que cada uno lo hace como mejor sabe y de acuerdo a su propio aprendizaje y que no todo es de un solo tono, sino que la vibración sostiene una amplia gama de colores, siendo estos los pinceles con los que la vida expresa la diversidad que habita en nuestro planeta tierra. Siento la dicha de pertenecer a la Raza Humana y de que pese a que tengo motivos para avergonzarme de nuestra inmadurez expresada en violencia, superioridad, rigidez, y mucho más, sé que nuestra cualidad de humanos es algo que aprender y desde ahí descubrir que con nosotros habitan otros muchos reinos que merecen todo nuestro respeto. Me siento presente y aliado no solo de los seres humanos, sino también de los animales, vegetales, elementales, minerales y ángeles. Es decir, de toda forma de vida cuya casa es el planeta tierra, de igual modo que lo es para mí. Siento que si la madre tierra tiene capacidad para acoger, alimentar y nutrir a todas las formas de vida que convivimos, yo también soy capaz de desarrollarla en mí. Siento la gran alma planetaria más presente que nunca, en todas las miradas, en la Naturaleza, en un amanecer, en el alba, y en una tormenta. Siento vibrar mi Ser, alineado con el planeta. Yo vibro.

(pausa)

Desde esta, mi nueva consciencia camino presente por la línea de tiempo que me ofrece la vida. Doy pasos con amor y desde la alegría, sintiéndome constructor de mis días, sintiéndome embajador de mi sabiduría, sintiéndome viajero y descubridor de mundos y culturas desconocidas, sintiéndome como el aguador, como ese gran Ser que alimentándose de la vida, vierte el agua del manantial emocional de su más elevada sabiduría, compartiendo quien es, compartiendo lo que sabe, compartiendo y conviviendo con todos, sabiéndose libre, sabiéndose poderoso, sabiéndose amoroso. Me siento presente, la ausencia, el abandono o el rechazo no están en mi camino. Recuerdo cada día que yo elijo mi vida, que soy el arquitecto de mis días y como tal diseño el plan, permitiendo que la vida me sorprenda, pues confío plenamente en ella.

(pausa)

Mi cualidad de guerrero se hace presente, pero ahora no es para luchar a muerte, ni para enemistarme con mi contrincante, ni para enarbolarme como vencedor, es para saberme lo suficientemente fuerte como para encajar con poder las experiencias que voy a continuar viviendo.
Mi cualidad de maestro se hace presente, pero no es para adoctrinar, ni imponer mis creencias a nadie, es para convertirme en referente, en alguien a quien observar porque ha aprendido a ser coherente con aquello que piensa, hace y siente.
Mi cualidad de anciano se hace presente, pero no para sentirme patriarca o matriarca de nadie, sino para expresar lo que me ha llevado a esa ancianidad, valorando cada arcaico paso que supe dar, desde la inmadurez del bebé hasta donde hoy he logrado habitar.
Guerrero, maestro y anciano, son mis legados, con ellos sigo caminando, aprendiendo a cada paso, elevando, abanderando la conciencia que me he labrado. Yo Soy.

(pausa)

Me siento integrado, habitando más allá de la polaridad que habla sobre el bien y el mal. Ahora sé que eso no existe, que es relativo y que depende de cómo lo vives. Ahora sé que aquello que creí perjudicial o maligno para mí Ser, es lo que me convirtió en la persona que soy. Siento la relatividad de todo. Siento la presencia del Observador. Siento que puede mirar desde donde estoy y no volver a caer en la división.
Acepto los ritmos por los que transito, admito que el tiempo es mi amigo, que cada transformación que vivo es un hito, y que la estabilidad lineal no existe en el mundo terrenal.
Me siento presente, observador y fluyendo en el tiempo, con confianza y amor.

(pausa)

Es el momento de mirar a la dualidad de género, a esa cualidad universal que separa lo femenino de lo masculino como si no existiera el neutro. Examino mi propia dualidad. La miro de frente. Reconozco cada uno de los aspectos y los respeto como individualidad, reconociendo sus diferencias, sin valorar a una por encima de la otra. Integro ambas energías en sus correspondientes hemisferios. Respiro mis atributos masculinos y también mis atributos femeninos. Siento como solamente unidos alcanzan ambos a expresar mi verdadera esencia. Siento su baile, como se integran como ambas energías se convierten en una, en la única en el andrógeno que es en realidad, independientemente del sexo que expresa su cuerpo. Me siento presente. Me siento consciente.

(pausa)

Desde el reconocimiento de quien Yo Soy, siento a mi alma vibrar en resonancia a su espíritu. Siento como la ley de la correspondencia se ha cumplido y como el cielo ha encarnado en la tierra. Siento mi propia presencia. Siento como las leyes universales son mi ciencia y como cada uno a su ritmo, se alimenta del flujo vital, para dejar de hacerlo de canales que merman sus días.
La vitalidad universal fluye por todo mí Ser. Me nutre todos los días. Me siento presente y conectado a este flujo diáfano, amoroso, acogedor, que me llena de permanente alegría. Desde este estado permanezco viviendo, presente en este ahora, en este instante único que tengo, conectado al espacio, consciente de mi pasado, constructor de mi futuro. Yo Soy pura conciencia universal, latiendo en la eternidad.

(pausa)

Desde la serenidad que me confiere este superlativo estado de autoconsciencia, permito que el flujo vital me invada todos los días del resto de mi vida y desde ahí decido vivir, decretando que esta es mi elección, con sinceridad de corazón.



En absoluta correspondencia cielo-tierra es el momento de regresar, tomando consciencia de todo lo sentido y de la voluntad de nuestro Espíritu Creador, de ser y crear por y para el mundo real.
Poco a poco, tomamos consciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán
TEMPLE INANNA

www.templeinanna.blogspot.com

 Nº Registro: 1801265595107

LA LUNA DE LA MADRE

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Meditación de Luna Llena

LA LUNA DE LA MADRE


Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta primera Luna de Yule, la que se conoce como la Luna de la Madre, en esta acogedora y receptiva Luna vamos a poder retomar la memoria celular, que nos va a devolver imágenes de nuestro crecimiento en el seno materno y de nuestro posterior nacimiento. Vamos a recordar la cálida acogida, el recibimiento y la bienvenida a este mundo material, independientemente de cómo se haya producido en la realidad, vamos a poder reconstruir los lazos con la madre esencial y sentir que nuestra entrada en este mundo fue excepcional, plena de amor y gratitud, plena de todo aquello que un neonato precisa sentir, para conectar con la seguridad del nuevo hogar al que acaba de llegar.
Es posible que no sea así de idílica la entrada en este mundo para todos nosotros, pero si es posible revertir el recuerdo y reconstruirlo, desde la capacidad y la conciencia actual. Así si aún no tenemos hijos podremos advertir lo sagrado de dar vida a un ser y si los tenemos, podremos revivir cada momento de nuevo, no importa que seamos hombre o mujer, el instinto maternal habita en todo ser humano y no existe hoy humano que no haya nacido de un útero materno, eso lo compartimos todos. Durante esta Luna Llena de la Maternidad, del saber lo que es amar, de entregar tu cuerpo a la creación de más vida, podremos sentirnos acogidos en esta dimensión, así como parte integrante de otros muchos planos de conciencia, esos en los que el propio bebé sentía habitar durante la gestación y en el tiempo anterior a su concepción.
Para ser madre no es necesario concebir, gestar y parir, se puede ser madre por esencia, madre por adopción, madre por acogimiento y madre porque es lo mejor que uno sabe hacer. La relación madre e hijo o hija, siempre está vinculada a la relación madre – padre, ello es indisoluble, de ahí que la presencia paternal sea indiscutible y esencial, para que la trinidad formada por los progenitores y el hijo, sea armónica, amorosa y diáfana, clara de luz y con el esplendor necesario para sentir el vínculo familiar. Los hijos que nacen del amor y el placer son hijos sanos, los que nacen del apego y la posesión, son hijos que siguen acarreando las cargas de los padres e incluso abuelos y bisabuelos. Aprovechemos este momento para reconstruir cualquier distorsión, dotemos a nuestro nacimiento de todo el amor que podamos hoy entregar a aquel espacio-tiempo y permitámonos reconquistar con nuevos fundamentos, el mundo material, esto no sólo nos hará más serenos, sino también más ricos.
Bienvenidos a la Luna de la Madre, bienvenidos a nuestro renacimiento!!!

(pausa)


Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Nos sentimos conciencia, pura energía y fuerza, sentimos un vaivén vibracional que nos conmueve y también nos provoca calma y paz. Sentimos el presente absoluto, ese espacio en el que habita nuestra gran alma, ese espacio íntimo, único e individual, donde estamos a solas con nosotros mismos, en sintonía con nuestro Ser. Nos permitimos sentir ese instante que nos aporta algo vital, la conexión profunda de nuestra alma con el espíritu. Respiramos pura conciencia, pura energía, pura vida latiendo, sin más.

(pequeña pausa)

El vaivén vibracional se acelera, nos parece captar una intensa luz, sentimos como nos atrae acudir a su encuentro, sentimos pura vida latiendo. Nuestra alma desea encarnar, desea regresar a la vida material, está preparada para ello, para habitar en el plano terrenal. Sentimos como el vaivén se convierte en un ritmo constante, que nos acerca más y más a esa intención, a ese impulso hacia lo exterior. Sentimos salir de nosotros mismos, como si una fuerza mayor irrefrenable nos empujara en una única dirección, advertimos que es la voluntad de nuestro espíritu y por ello nos sentimos seguros, aliviados, motivados, llenos de amor por el movimiento y la acción que ha surgido de nuestro interior.
Nos alineamos con el latido, con ese ritmo constante, con esa vibración…

(pequeña pausa)

Sentimos haber alcanzado la luz, se trata de una luz brillante, suave, acogedora, una luz que emite música, que tararea una canción de cuna, que sabe cómo llamar nuestra atención. Se trata de nuestra madre terrenal, la observamos, distinguimos su propio latido y como ese ritmo se sintoniza con el nuestro y a su vez con el que emana del propio planeta, de la misma madre tierra. Ambas madres se confunden en una, ambas cantan la canción de cuna más bella que jamás hayamos escuchado. Ambas sienten amor verdadero y desde ese punto de encuentro, nos llaman. Penetramos en la cálida luz, nos dejamos acunar por la melodía que surge de su Ser. Sentimos el flujo de conciencia, de amor y de vida que se está creando y sentimos como somos partícipes de él.

(pequeña pausa)

Todo está preparado para el mismo instante de nuestra concepción. Acunados en el aura de nuestra madre, nos sentimos preparados para cruzar a otra dimensión, sentimos como una nueva luz nos rodea, nos hace vibrar de placer, nos conecta con la más hermosa fuente de vida que podamos imaginar, sentimos el vibrar de los átomos y como la pasión se desencadena, como el amor entre nuestros progenitores se expresa, no sólo en cuerpo sino también en alma, para que también yo lo sienta. Es la forma que ellos tienen de decirme que me quieren y que quieren conocerme, que quieren que llegue a su mundo y tome cuerpo, para que ambos puedan abrazarme, amarme, gozarme. Siento tan poderoso su amor, que no tengo otra intención que encarnar unido a ese único corazón. Yo también los amo, los necesito, los siento. Una vibración que nos desborda a todos los sentidos me hace saber que el instante de la concepción ha llegado. De repente algo se acelera tan rápido que me parece perder el sentido, incluso experimento un vacio, un espacio en el que no puedo decir qué ha ocurrido. En cambio me siento más lleno y amado que nunca. Siento ser uno con mis padres, siento el vínculo que nos une, siento el latido de un corazón que toma vida. Es el mío.

(pausa)

Estoy sumergido, en un océano silencioso de luz y sonido. Siento el vaivén de las olas, me siento pez. Si quiero puedo chapotear, puedo saltar y bucear, puedo ser delfín y en manada cruzar de punta a punta todo ese mar. Buceo y salto como un delfín, mientras conecto con los reinos de este planeta que me acoge en su seno. Sin darme cuenta las olas me han llevado hasta la orilla, por primera vez veo tierra firme, decido salir del agua, tengo patas de tortuga, a ras de suelo me dirijo al interior de esa tierra en la que he aparecido, camino y conforme más pasos doy, más siento elevarme del suelo, para ahora ser un hermoso felino, me siento poderoso y atractivo, me siento que puedo trepar los árboles del camino, lo hago y al hacerlo me siento pájaro. Emprendo el vuelo, surco el cielo, oteo el paisaje desde lo más alto. Siento mi alma volar libre, siento el alimento que esta tierra en la que estoy creando cuerpo me puede dar. Siento puro agradecimiento. Me siento afortunado por haber llegado y tener la oportunidad de encarnar. Tomo consciencia de la belleza del mundo terrenal, de la fortuna de saberse acogido por la madre naturaleza. Siento la conexión con los árboles, con los ríos y los manantiales, siento la conexión con todo lo que existe, me lleno de gozo y desde este sentimiento, agradezco.

(pausa)

Siento mi cuerpo completo, siento que ha llegado el momento de salir del útero materno, de sentir a mi madre y a mi padre, de mirarles a los ojos y sonreírles. Estoy preparado. Estoy dispuesto a emprender una vida en este cuerpo. Estoy deseando tocar con mis manos, oler a mi madre, saborear el primer alimento, escuchar su tierna voz. Tengo dispuestos todos mis sentidos, siento el deseo de crecer en esta tierra que me acoge y que me va a dar nombre. Aquí por donde caminaré, experimentaré, reiré y lloraré, pero a la que nunca jamás rechazaré, por más impedimentos que la experiencia me pueda traer, pues soy consciente de que llego a una escuela, una preciosa escuela de la vida, en la que tengo mucho que aprender.

(pequeña pausa)

Un torbellino de energía me atrapa, es como si el mar se hubiera agitado y las olas de nuevo me arrastraran hasta la orilla, no veo nada, dejo que los impulsos me conduzcan hasta la salida. Siento la fuerza de una poderosa energía, escucho a mi madre respirar, siento como mi cuerpo se quiere separar del suyo, ha llegado el momento, no hay marcha atrás. Me siento cruzar un túnel estrecho y oscuro, siento entrar en un caos que no sé cuánto va a durar. Confío en la vida, confía en la naturaleza, en los recursos, confío y permito que la vida actúe, no opongo resistencia. De repente escucho la voz de él, de mi padre, siento muy poderosa su presencia. La está acompañando. Ellos están juntos, me esperan. Siento un último impulso y salgo. Salgo, estoy fuera, mi madre acuclillada me recoge en sus brazos. Llora. Lloro. Nos miramos a los ojos, nos reconocemos. Veo el rostro de mi padre, él también llora. Lloro. Nos reconocemos. Me siento acunado. Siento la voz, el olor, el tacto. Sonrío. Sonreímos. Nos quedamos sintiendo este intenso momento de puras almas latiendo al unísono.

(pausa)

Mi padre se ha encargado de cortar el cordón umbilical. Aunque me he separado definitivamente del cuerpo de mi madre, me siento más unido que nunca a su corazón. Lo mismo me ocurre con mi padre. Me entrego a este sagrado momento de profunda conexión. Es como si se detuviera el tiempo, como si solamente hubiera espacio para que fluya el amor. Me siento succionando la leche del pecho y como un verdadero arrullo me envuelve y protege. Siento el más grande agradecimiento. Me siento amado, feliz, eterno. El recibimiento en este mundo ha sido espléndido. Ahora sé que es mi responsabilidad tomar las riendas de mi vida conforme voy creciendo y que es mi misión ir más allá del nido familiar, sin jamás perder ni dejar de agradecer la oportunidad que tengo. Es mi obligación ser feliz y compartir lo que tengo para dar, sin por ello dejar de recibir. Es mi responsabilidad levantarme cuando me caiga y volver a comenzar, tantas veces como sean necesarias, sin abandonar. Estoy aquí para aprender eso y mucho más. Estoy aquí para experimentar. Sé que no todo lo que me ocurra me gustará, pero al final el tiempo hablará y me explicará todo lo que aprendí, mostrándome un espejo en el que me podré reflejar y entonces saber mucho más de mí y de cómo me construí, gracias a los problemas, sucesos, imprevistos, impedimentos… gracias a lo que supe superar. Con conciencia de todo ello, me entrego y acepto al plan que estoy por ejecutar.

(pausa)

Desde este presente, observo la hermosa escena que protagonizo con mis padres. Me acerco a ellos y desde mi adultez les agradezco todo lo que juntos los tres hemos vivido. Les explico que soy quien soy gracias a ellos y a las experiencias vividas. Nuestra madre nos entrega el bebé. Nos da al niño, a nosotros mismos para que lo acunemos en nuestro seno y sintamos lo que ella también siente cuando nos tiene en nuestros brazos. Lo hacemos. Nos cogemos. Nos mecemos. Nos cantamos al oído. Nos decimos las grandes cosas que viviremos y aquellas dificultades por las que pasaremos. Nos mostramos a nosotros mismos como nos hemos creado a lo largo del tiempo. Deseamos que ese niño pequeño crezca con seguridad, sabiéndose amado por sus padres y por nosotros mismos. Nos quedamos con el bebé en los brazos, mirándonos a los ojos, atravesando la línea de tiempo que nos separa, uniéndonos en los recuerdos, pues él estuvo siempre con nosotros desde el principio, hemos crecido juntos, sabe todo de nosotros, es el más antiguo ser que habita en nosotros. Nos quedamos sonriéndonos. Sintiéndonos. Amándonos.

(pausa)

Es el momento de regresar, sin abandonar la conexión con nuestro niño interior y tras haber realizado este hermoso renacimiento, comenzamos a tomar conciencia de nuestro cuerpo. Mantenemos la sonrisa del agradecimiento, mientras la música nos acompaña para tomar consciencia de nuestra actual cuerpo.
Poco a poco, regresamos, integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!


Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com

 Nº Registro: 1712295212189

MEDITACIÓN DE YULE



Meditación de Bienvenida al Invierno

YULE


Introducción
Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en Yule, el Invierno. Es tiempo de profunda introspección, es el momento mágico de hacer revisión, volver la vista atrás y valorar, reconocer, agradecer cada paso dado, cada oportunidad, cada día caminado, cada decisión tomada, cada experiencia superada, pero también es muy importante conectarnos con aquello que ha quedado falto de luz, aquellas emociones que no han surgido del amor, ahí subyace nuestra oscuridad, esa que durante el invierno será importante gestionar, pues es el momento de mirarla de frente, reconocerla, transformarla y continuar. Sin este ejercicio no es posible iniciar la primavera, renacidos. Es la oportunidad de hacer esas revisiones que nos ayudaran a tomar consciencia de nosotros mismos, en nuestra dualidad, pues solamente mirando a ambas podremos trascenderla y alcanzar el estado del Observador, desde el que nacerá una nueva versión de nosotros mismos, tal cual nosotros seamos capaces de crear y para ello tendremos que transformar, identificando lo que no tiene que acompañarnos en la siguiente andadura. Sabemos que todo es un ciclo en sinuoso movimiento que nos acompaña, igual que lo hacen los astros, los planetas y las estrellas. Sabemos que calando profundo en ese ritmo, estaremos en resonancia con el propio Universo y que desde esa energía sincrónica, todo es posible, no hay nada que quede fuera o separado de la unidad universal.
Entremos a la Cueva, a ese lugar íntimo, a ese espacio único en el que volvernos a engendrar. Recordemos la Semilla del Árbol de la Vida y desde la introspección, alimentemos esa semilla de la que nacerá un poderoso sol interior dispuesto a recorrer una nueva etapa del camino que le queda por hacer.
Respiremos profundamente en el interior de la Cueva, sintamos el pálpito que se está gestando.

Bienvenidos a Yule!!!

(pausa)


Comenzamos…

Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire invernal penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

El día es frío, el cielo está tapado, parece que amenaza lluvia. Vamos caminando por un sendero estrecho que rodea la ladera de una montaña sagrada. Es la montaña más hermosa que nunca antes hubiéramos visto. Se trata de la Gran Montaña, una espectacular formación que aún hecha de tierra y fuego, por ella discurre el agua y se respira el aire más puro que existe en toda la galaxia. Si miramos a la Cumbre, nos parece imposible poder alcanzarla, así nos limitamos en hacer el recorrido que consideremos necesario. Caminamos admirando el entorno. Avanzamos percibiendo la belleza de la madre naturaleza. Seguimos ascendiendo escuchando el sonido de aves y otros muchos animales, incluso oímos el silbido del viento, que a esa altura parece hacerse más presente que nunca.
Cada vez estamos más altos. Podemos observar desde los acantilados, la distancia entre el punto de partida y el que nos encontramos. Casi sin advertirlo hemos subido disfrutando del paisaje que nos envuelve, como algo propio de nosotros mismos. La vegetación cambia durante el avance, incluso la fauna salvaje, así como nuestra propia visión y perspectiva, pues cuando miramos desde lo más alto, lo vemos todo distinto.
Nos acercamos a un extremo saliente de tierra, desde el que vamos a percibir la altura hasta la base. Nos quedamos al filo del acantilado, no existe el miedo no existe nada que nos impida gozar de este momento. Somos seres libres caminando y reconociendo al Ser que representa todo lo que somos y a todos los elementos.
Respiramos profundamente mientras miramos abajo y nos llenamos de cada experiencia terrenal. Respiramos profundamente y miramos arriba, mientras nos llenamos de cada abrazo espiritual con la propia vida. Agradecemos.

(pausa)

Plenos de Cielo y de Tierra seguimos ascendiendo por la Gran Montaña Sagrada que representa nuestro propio Ser, ese por el que podemos transitar y llenarnos de verdad, ahí donde nos hacemos conscientes de nosotros mismos y quien nos muestra lo que somos más allá de los límites que nos ponemos. De repente escuchamos el aleteo de una hermosa y gigantesca ave. Se trata de un águila imperial. Nos hace una clara exhibición de su vuelo, nos quedamos disfrutando del ejercicio que nos muestra. Es impresionante verla desde tan cerca, incluso escuchar como rompe el aire cuando vuela. Nos está mirando, de frente, directamente a los ojos. La miramos, de frente, sin pestañear. Vuela a nuestro encuentro. Vuela hacia nosotros. Su magnetismo nos atrapa hasta tal punto que al segundo estamos volando con ella. Somos ella, somos el águila, somos la visión de nosotros mismos, más elevada. Somos quien tiene la capacidad de subir a la Cumbre más alta y saber que desde ahí existe un nuevo panorama que nos hace entender cualquier sentimiento que en vez de unir nos separa.
Volamos con alas de águila, volteamos, nos tiramos en picado, nos posamos en las rocas más escarpadas, sobrevolamos todos los escenarios del pasado y enamorados de la perfección de la vida, regresamos con la conciencia unida.

(pausa)

Nuestras alas de águila nos han llevado muy cerca de la Cumbre de la Gran Montaña, pero aún queda mucho por descubrir. Seguimos caminando por ese sendero sinuoso, serpenteante, llenándonos de la sabiduría de lo que es vivir. Las nubes del Cielo cada vez son más densas, comienzan a llover agua nieve, el frío a esta altura es penetrante. Poco a poco somos testigos de cómo aparecen copos más densos que comienzan a alfombrar el suelo de blanco. El espectáculo es especial, caminamos en busca de refugio antes de que la nieve oculte el sendero totalmente. Desde donde nos hallamos podemos descubrir que a pocos pasos hay un enorme hueco en la ladera. Nos dirigimos hacia allí. Es un hueco oscuro que penetra a no se sabe dónde. Nos refugiamos en la entrada, cubiertos por el techo de roca en forma de puerta. Al mirarlo descubrimos que brillan pequeñas formaciones cristalinas, que nos invitan a que entremos y descubramos lo que en el interior habita.
Mientras en el exterior nieva, nosotros nos sentimos a buen recaudo dentro de la Cueva. Vamos penetrando poco a poco. Al tocar con las manos sus paredes, vemos como estas están repletas de cristales. Parecen cuarzos, en algunas zonas de color anaranjado, en otras más verdes y azulados y en otras más violáceos. Conforme más adentro entras, más cristales encuentras, hasta que sin luz natural, nos damos cuenta que podemos ver en plena oscuridad. En ese silencio interior permanecemos. Nos quedamos imbuidos del misterio que allí tenemos. En el centro de nuestra Cueva, en forma de preciosa geoda nos quedamos respirándonos, sintiéndonos, amándonos, agradecidos y bendecidos por todo lo que somos.

(pausa)
Desde ese punto sincero de conexión con el corazón, sentimos todos los sentidos expandidos y nuestra alma ocupando el interior de la Cueva. Un profundo latido se hace cada vez que respiramos, más claro, más presente, más sonoro. Nos conectamos a su ritmo, pues es solamente desde ahí, desde donde podremos realizar esa revisión y mirada atrás…
La hacemos…
Dejamos que la memoria nos desvele diferentes momentos…
Todos los momentos… los que nos gustan y los no tan buenos…
Todos…
No olvidemos… Aquí no hay juicio, sólo verdad que desvelar…
Revisamos…
Sentimos el pasado, lo más lejano y lo más cercano. Buscamos si existe algo en nuestro interior que no consideremos resuelto…
Cuando aparezca, nos quedamos creando la solución…

(pequeña pausa)

Visualizamos esa solución que hemos creado desde el corazón. La sentimos vívida, propia, nuestra, real. Sentimos como no hay nada que no se pueda solucionar. Sentimos nuestra responsabilidad y desde ahí resolvemos. Lo hacemos por amor a nosotros y a todos los implicados, pues sabemos que nuestras reacciones y actos tienen consecuencia en el entorno, no somos seres aislados, sino seres unidos por una red invisible que teje un vínculo indestructible entre toda la familia planetaria. Somos parte de esa gran alma planetaria. Somos parte de su cuerpo, de su mirada, de su andadura a través del tiempo. Nos sentimos fortalecidos por los lazos que nos unen a ese todo y desde la individualidad manifiesta en nuestra Cueva, nos reconocemos y reconocemos al Todo.

(pausa)

Somos conscientes que somos creadores de nuestra realidad y que desde la verdad y sinceridad de quienes somos en luz y oscuridad, podemos transformar para continuar caminando, conscientes de nuestra Cumbre, de nuestra visión y de nuestra Cueva interior.
Salimos de nuevo al exterior. Ha dejado de nevar. Ha salido el Sol. Un manto blanco recubre todo el paisaje. El Sol calienta con su poder para que tras el crudo invierno, podamos renacer en la próxima primavera.
Iniciamos el descenso. Bajamos por el sendero de la Gran Montaña hasta el valle. El recorrido es largo pero necesario. Sentimos el poder de la montaña. Sentimos ser parte de sus entrañas. Regresamos… caminamos por el valle mientras advertimos que el poder del Sol ha derretido la nieve y por la ladera se desliza el agua, que ahora licuada crea riachuelos que se unen y separan, haciendo todos diferentes caminos, pero confluyendo al final en el mismo río. Nos acercamos a la orilla de este caudaloso río, sabiendo que tiene su desembocadura en el océano, allí donde los navegantes buscan puerto en el que atracar. Nosotros ya lo hemos hecho.

(pausa)

Poco a poco, es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…

Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com

 Nº Registro: 1712195144429